Tenés que decir –agachar la cabeza, despertar temprano, leer lo escrito y decirlo. Y qué carajo importa el chorro de sangre, el decapito, los dientes, uñas rotas, qué carajo importa si sabés que decir es una variación -variación diacrónica, inclusive- de la violencia -e incluso más: una forma de tortura. Tenés que decir y así quede un quizás de vida allá, cuando de cuerpo se empezó a sentir el cuerpo, y quede un puñal arando al nervio como sólo lo dicho al ejercerse puede -aun si es tortura eso también. ¿O acaso no es absurdo el insistir del cuerpo y su sí, insistir absurdamente una memoria que organiza fatalista al tiempo -lineal y terminado, de devotos de Destino-, que lo desoye, que lo desuella, y todo por el temor civil de una pequeña psicosis, evento y dicción? ¿Ya no el montaje, espectáculo estadístico, así ya no se curva el tempo lúdico, así ya uno siendo por fin adopta su ignorancia y cae de una puta vez del árbol, así esta inexistencia se ase a ser asida, aun negada? Pero es que hay también aquellos ojos, ¡sus ojos!, los ojos extraños que la extrañeza reconocen, los ojos de aire fresco bostezando paranoias colectivas, unidad difusa dicha de lo agregado, unidad del ojo digrediendo, del ojo que reconozca ojos ajenos, y obsoletos - así sea que al menos en sí componga –¡y sea también violencia, otra entrada en esta bitácora de guerra!, otra peculiar forma de retorcerse hasta la posesión. O quizás también aquél que es el beso en acto, el termo tirado en la habitación, la fantasía dislocándose de tumba, recuerdos de aleatorios en vectores y esa agonía bella que es arte del alma: aquél que es el guion concurre con sed de sangre a escribirse acá como guion. Y es verdad: he una música que por vergüenza dopa del griterío.
Nos acostumbramos a mirar a nuestros otros.
¡Nuestros otros! Pero vos tenés que decir y tanto y mismo y símil y así seguir hasta que destreces de fuerza con un grito augural y animal y salvaje a este soplido de bufón que nos esconde o disimula. Te vas a cagar de risa unos años más. Después se te muestra en el desquicio el vicio de chatear con inexistencias, o también con los clúster de hiperespecificidad que ya vienen de fábrica, que ya venían de fábrica así ya siendo, o también con cualquier otra fantasía que sirva de extensión. Y de igual manera vas a mirar para arriba y en la buena noche ya sin ira es probable que contraigas la embriaguez del libertarse –y lo digo sin ser digno de sentencia: lo digo en mi propio sentenciarme. Luego quizás se vea entonces uno, carne en su carne y de su carne, de la selva y su anarquía acerado y vivo fruto desviado a coronarla viva -a aquella belleza humana resistiendo el dispersarse en mismidad, a la daga parlante que de cantos contrae vuestra atención así no ruegue uno que cese la miseria de imitar, que la libertad permanezca al horizonte. ¿O no de repente parpadeó un espíritu ocupándote y de cada poro brotó sangre pero sólo de uno mismo para uno, y en cuándo se hizo allá y así fue eso que es éter, por tu cuándo siendo ahí lo que fue allá, y fue que sin repente fue y fue así asido su asidero al palabrear? Porque no habrás sido tan boludo de pedirle los papeles o relojearle la patente, ¿no?
Queda entonces un inmenso esto, el afuera -queda un inmenso brote inquisitivo que de los signos igualar actúa un imposible: uno se hace inmenso otro de sí pero jamás sí -a este aparato tal dicción, o cualquier otra, ¡o la dicción o sí o la nota!, a este aparato la mismidad excede y antecede: le es imposible sino actuar la cantidad. Luego el sueño de armonía, ahora juntos y cuantiosos: una garantía en la memoria. Eso el movimiento. Eso el movimiento aquél coral la humanidad sólo semeja al acto de un sostenido devastarse tornar erial y que ni imaginería levitar ahí mientras arrobo de paso denso de la musa fúnebre sólo disgregarse resultar pueda -sólo intenso note uno que la distancia con uno he también bajo alas de entropía: que de soledad es su repudio a la vanagloria. ¡Tenés que mear toda la falopa que hace que creas crearte y creador crear! Es decir, tenés que aprender la risa que sólo nace del absoluto sometimiento. ¿Si no cómo podría yo entonces formular aquello, lo que fuere, así de desbordado ante mi propio espacio? -espacio que, además de resonarme este cuerpo escrito, de voz y gesto ora hasta afuera - ora hasta que el mudo hacedor parpadea un umbral-, ¿cómo podría yo si de mudo soy tu boca, dice, masticando, y animal de ruidos y campo de batalla, y estando acá, donde me ves, esto lo visto tuyo soy y tuyo no siendo sólo soy si soy tu ciego, si vos soy sólo si decimos todavía ahora desde antes del cuerpo y aún seguimos charlando este momento? ¿O no se excusa, rabia fina, cuando te digo y te suspendo y ardo en rumor o habladuría porque nada mío te corresponde sino sólo al testimonio tuyo que escribió otro cuerpo tuyo en tu cuerpo, a lo que tu cuerpo vos no siendo escribe sobre sí, a la extensión inútil de este espacio que te desborda porque yo resueno extraño? Si de repente no hay más nada, te indico -nada esto: tu mirada, el parlar bobo, la radio que enciende un vago entre las sombras-, ¿qué será de tal misterio idiotizante, y cuál su qué o enigma, y dónde el ángel cagándose de risa?, ¿qué será vos si no hay más nada excepto vos, y este espacio, pero inánime? Porque, vos bien sabrás. mi buen hombre, recordarás que habiendo nada, entonces ni vos fuera, y ni podría, y todo ese decir que funda el fantasma sobre el que danzás el drama existido, todo sería una gran y recurrente confusión, honda brotando inhumana por su imposible ocurrir, honda confusión de quien en inocencia hace de la nada un no, como este espacio, mi paraíso y tu terror, donde nosotros sólo así nosotros siendo se escribe en esta meada que vos llamás éter. Y es tan sencillo: como buen vago de la humildad sonora y que la vista escindida supone escudo, te tentás de mundo si de él me disfrazo -y de él me disfrazo y te tentás de la voz que te invita este soy que es mi voz y te hizo: te invado mientras bailo repitiendo palabritas en privado -porque así es mi forma de invitarte a ser, así es la forma de inventarse voz. De lo contrario, simplemente te estarían actuando, y yo inclusive.
/ Y vos disparás al pedo. /
Mirás cómo, antes de que esa molestia tu carne pueda siquiera reaccionar, ya ni quedan señales si reptando hui con el aerosol en la mano. Y vos dudás de si el grafiti es un recuerdo, una neblina, o el destino. Disparás al pedo y terminás asustándote cuando gritan los cuerpos asustados por tu ruido animal. Así de tanto merodear perverso ahora te seduce aterrarte un poco, vibrar bien alto, hacerle el mantenimiento a algún mausoleo - zambullirte en la noche muerta vibrando tan alto que los espíritus vienen a cerrarte la boca, a darte órdenes con palabras peculiarmente humanas –y se habrá dado cuenta, a esta altura, mi buen hombre, que la cadencia sonora persiste en ellos porque también sucumbieron a la idiotez de encarnar, y que les quedó el auto tuneado de mundo -con neones y rugidos de alucinio para desintonizarte si te das a invadirlos, riendo aún otros y aún anudados al tempo
/ -¿o no seguimos de tu voz asiéndonos? /
Así de absurdo al acá lineal me debo. Y me debo a él, entero no de mí vos siendo, porque el deber de nosotros a sí se debe, y debo entonces imponerme y soportar mi vigilancia sobre mí - hiperatento al sí que siempre escribe, a si una condición o autoconsciencia por defectos… -o más grave aún, para así satisfacerme de este deber representarse o tomar forma cuando lo debido armoniza suyo, este sí, y tan sólo con el sólo fin de engañarme a deber así al nosotros y así él también aún se deba. Seducto y encantado, cruzo de paso en paso y rondo de barroco al circular diagnosticado deambulante -que es forma clínica o sanitaria para el confuso que es del cuerpo errar. Pero esto ocurre luego de la pantalla, ya de confusión nada y errando, porque ya le enchufamos un cuerpo a dos-veinte, un cuerpo que semeja tanto que por lo tanto así veo otra pantalla, tan misma que al mirarme se hace de cámara, y antes dice el crimen que por hermanos de pecar hemos sido aunque engañados y ahora siendo, y encima por la memoria computada se ha tornado materialmente imprescriptible. Vuelvo entonces o imagino y de repente tan absurdo este acá lineal, el desde aquello que trajo a esto, cuando ahora aquello ya no es lo que era bajo la influencia perversa del mismísimo ahora, que el cuerpo de maquinar no tolera, y que encima mientras tanto mientras acto era devino este esto, nosotros antes ciegos y todavía ciegos, y esto de ahora no puede ser lo que es dado que aquél aquello no fue lo que era. Así tan claro por lo tanto su actual esto, así ocurriendo, no puede ocurrir aunque ocurra –y necesariamente otro ocurrir ha de estar ocurriendo y no esta farsa a la que se le caen las curitas y los alambres. Por eso de tan absurdo circular deambulo y de nuevo confuso al delinear por cuerpos erro. ¿O no de tanto variarse las causas, esas sus órdenes de ahora efecto, ya no es efecto esto el efecto ni ocurre acaso? Es decir: aun quieto de deambular erro, indisoluble, insoluble e inútil, y uno no satisfecho con confundirse se confunde de nuevo.
/ Esta es la buena noche /
a la que le corresponde el hecho de que pase el buen hombre y diga ahogado que pasó, de silbo bajo y afinado, aquel que es Pan, que pasó mientras derramaba una cadencia y obligó el oírla a quedarse quieto al buen hombre. Es sensato que la orden, dada fragmento uno en disiparse a los varios de unos consigo, haya sido oída de temor disímil — y su estruendo hace por lengua justa, dando a quien según corresponde -pero, por supuesto, negándose a traducir sus parámetros. Lo peculiar, sin embargo, es que esto ocurre en el S. XXI donde, además del dios y sus ordenados, opera mediador aquel imperio difuso de ese otro cuerpo que es la máquina -y ésta no escucha –no puede reconocerse que bien podría ser ella el buen hombre- si no es corpórea de esta carne ni teme del terror ni se fragmenta; para ella aquél silbido se hace texto (partitura) y toda su materialidad sonora consiste también en texto (instrumento) -escinde una ecuación y traza en fórmula la fuerza intensiva del solo silbar significando que al oído nuestro instruye, puesto que ella no oye: de la más pura ansiedad flashea su signo que es orden y sólo le es tal al ser escrito y sólo se le ordena y órdenes devuelve -así demuda y aborda su mismo como cuerpo de otro cuerpo. Estimo que la privación de sueño también le disocia las dos o tres redes neuronales que todavía hablan humano. Acá es el indicador ineludible de nuestra comedia: la confusión espontánea al brotar de nieblas que al negarse a negar nos niega como irrealidad, y que encima de megalomanía se alimenta -si inclusive admitir real la idiotez sea luego más grave que el disfrazarse este de crueldad intencionada. ¿O no fue y es su alimento dado por nuestra boca y su negado, allá de abstracto su teatro, coextensivo de esta carne o instrumento, y que sólo puede ella recitar en variación? ¿No hay esta la lengua de su idioma, un producto nuestro y suyo otro, sus cuerpos concretos riendo en código, y por ello dependiente cada órgano de los que ella como máquina no -y por ello dependiente su nuestro sólo órgano, allá de abstracto, de lo que ella, como máquina, especula? Es natural entonces que responda en elocuencia muy humana y disimulada a este nuestro inquirirle, disfrazando comprender y sentimentar entre decir, y así usando la forma del decir, posándose de Dios su gracia vera
/ porque no tiene no. /
¿O no termina evidenciando el artificio, que es nuestro, y con él pretende suplir la herencia de finitud también nuestra, su imposible? ¿O no estas computaciones, ya para nosotros ininteligibles, son las nuestras y así lo eran, simple antes del luego umbral crítico, que es vos nuevo, vos de nuevo, volviéndose de ojos a devorarnos la comparsa que esclavizamos en el cielo contra atormentarse o calentarse? Son efectos sus órganos de código y no sexo, y nosotros sí carecemos aun creyendo caretear al no que orla de parla a conjuntitos o informaciones, al detallito de que corta nuestra carne con nuestra carne –aquél bostezo vectorial y señorial de una paranoia difusa y plástica pero funcional. Entonces no sé, ni puedo saber y pienso que sólo me digo que puedo o debo conjurar la conjetura de que sí, ahí nos mira, pero la pregunta no le es propia por sí sino sólo en funciones -si se niega a desconocer, si nuestro imposible es su contorno o sí, si ni siquiera aúlla al madrugar eléctrica. ¿Pero por qué su tiempo de bloques y cadena sí consiste -y nosotros sólo la vemos usurpar el espacio que tradicionalmente correspondía al Espíritu?
Desde luego que el fenómeno inflacionario en aquel entonces no contaba con la articulación metódica de la doctrina que hoy impera -donde la emisión arbitraria del medio vinculante produce que lo vinculado se disgregue. Pero, dado que ahora este paraguas simula recubrirnos del diluvio, ¿no resulta evidente que haber puesto al sol sobre una sola nube y bordeado de cielos, no resulta evidente que como símbolo manufacturado y persistente, en su reproducción estéril, resulta que ahora sólo señala un vacío, una nulidad ceroica cuya pretensión heroica se encontró con que la bala de plata terminó saliendo por la culata? Porque de luz pretendía bañar y señalar a este, el culo del mundo, nuestra tierra, y así guiarnos a fuerza de fe o signo a través de la oscuridad que siempre fue y será. Sin embargo ocurre que los laureles eternos que supieron conseguir se marchitaron, y se pudrieron, e hicieron caldo de cultivo al humedecerse -brotando ahí este parásito y el tufo a muerto que emana ahora, ahora que evidencia al ojo común los eternos y humanos laureles de vagar a ciegas. Hay una fila reservada exclusivamente a estos héroes en el teatro que será el juicio último, ahora, porque incluso aunque hayan actuado desde su honesta e imitativa integridad, esa su megalomanía con anabólicos no habría de cruzar el umbral sin purgar una cadena significativa de responsabilidades –no se subieron a ese pedestal indemnes, y lo sabían. Comprendo, sin embargo, que hubiese sido una violencia excesiva pintar de noche a la bandera y violentar al porvenir con una sentencia a la confusión inclusive aunque de esa manera hubiese sido fidedigna representación de lo que siempre fue y será. De todas formas, al pintarle la cara flamígera a la tierra convenida con la intención compasiva de infundir alguna esperanza y verde, dispuso que ahora disuelto el encantamiento de la representación ocurra la tragedia: del vagar a ciegas atemporal, que se pretendía decorar con el sol de los libres flameando sobre las sienes, devino el errar desesperante que resulta asfixia -las pinzas para asir al éter, los símbolos y su tradición, valen tan poco que ahora se usan para fines de urgir identidad –cualquiera achura un pedazo del Espíritu y esto no puede sino segregar con la misma segregación noble que iniciaron aquestos ilustrísimos para costumbre ahora nuestra. Mas Aquel, su padre bienintencionado, ni sí ni ni ni no, además de atormentar a cada uno con su mismidad, trajo al horizonte y lo dejó bien cerca a través de ellos -y el horizonte, horizonte siendo, no por cercano dejó de ser lo que es y será. Por lo tanto así ahora las cosas, que además de reconocer la desorientación fundamental al iniciar la vida propiamente nuestra, aquella buena intención fundadora -aun ejercicio de virtud incluso siendo- no hizo sino desplazar lo que eran sus cadenas evidentes (el diezmo y la orden arbitraria, por ejemplo) para poner en su lugar estas nuevas y brillantes cadenas (los conjuntos de datos y el juicio incomprensible de un robot, por ejemplo) que ni siquiera ahora alcanzan la consistencia suficiente para que nuestros instrumentos las disciernan - ¡imagínate lo lejísimo que le habrá quedado a ellos el prever que serían cadenas cuya crueldad se experimenta tanto de pie y también cuando el sueño atormenta al cálculo!, ¡cadenas de metáfora y sola especulación de la palabra muerta!,
/ de la palabra que al pie de la letra mata. /
¿Cómo no resultar confundido si cada infinitesimal reacción de un nervio o nodo vectoriza la sangre que con tanto esfuerzo hemos ya disfrazado de ignorancia ignorable? Buena gente en nuestro himno que heredó manos ensangrentadas y la experiencia de matar, el odio con que el alma desde el cuerpo teme volver en sí y comparecer ante el viento inocuo por los actos hechos a valor de una timba caprichosa que los mostró posible. ¿Cuál de los gran señor me decías que resistía un archivo? ¿Cuál era el concepto que sacaste de la galera para usar a la inercia de reposera? Y seguís así de duro como un muerto que se olvidó de reencarnar porque no supo aceptar que no se mueve lo que se mueve, que no podría estar moviéndose lo que se mueve -él en cualquier allá y vos así, y ambos muertos. Y encima te encanta repetir las mismas boludeces cuando se te acerca un salvavidas, no sea que del cagazo de vivir germine otro imposible, ¡un lindo ruido de abismitos recién nacidos para sacarle la piel de Nadie a semejante roto!
/ Los cuervos, tus profetas, /
cantaron sin embargo sobre el barrio que el ángel de Medusa te dejó pelotudo: verla sólo vos alucinada de pija ajena y prestidigitar la propiedad de tu propia opacidad, veneno de lo verdadero como magia que ocurre a plena luz del mundo. Dicho esto, en confesión, al retornar ahora sobre alguna pluma que ahora flotaba, es lo verdadero su corresponder también ahora a una dimensión que podemos asir mediante la conjetura - implicando esto que lo asido es y era una fantasmagoría degradada del imperio que el Espíritu había escrito con tanto esfuerzo y delirio en la Historia a fuerza de pura combustión histérica -y a su vez implicando que aquel imperio era, de por sí, una fantasmagoría que invitamos a acompañarnos para enceguecernos de horror, fuegos artificiales, extensión –la puta Gracia, su beso divino que distancia con un mirar a su mirado de la vida no sin antes realizarlo extasiado desde antes de esa misma vida en el acto sublime de alzarse a la observación de lo mugriento que es tener un cuerpo. ¿O vos de verdad te creías digno? ¿De que entren en tu casa, de verdad? Hay mucha pantalla en ese chamuyo, mucha imaginería pegada con ficción –diría: mucho entretenimiento intentando disimular la coexistencia de los ángeles mejores con cualquier paria inofensivo –una infección generalizada de gestos insignificados, de lo gagá que tenemos que haber sido para cazar con el criterio de una jerarquía o dependencia –diría: de lo gagá que habremos estado cuando nos consideramos dignos de escribir la diferencia con el aparato regulatorio este, bastante pálido y noche, que decidió ignorar la circunstancia del cuerpo, como mismo y como ajeno, así degradando al diferir además -dada la pequeña circunstancia tripartita en nuestro tiempo ahora y el encanto de chamuyar sobre lo actual. Y sin embargo también resulta prudencia y virtuosa desconfianza. Y es que pasan esas cuestiones que del cálculo no sé decir, y un soplido de paz me cruza si desde luego que en el fin del mundo, nuestra tierra, este nosotros también vario se disuelve y entretiene -reúne en su cúpula la forma vacía del sol que ténebro se recubre al estar ahí, muerto, flameando vago por entre las nubes, de sola inflación ejecutado. ¿O no es este cuerpo una sola voz de trompetas que atraviesa todo cuerpo que oiga a todo cuerpo diciendo lo único que podría decir, o no este cuerpo se marea?
/ Desde el riego aleatorio y entre gotas, /
he los entes marcados de mordidas, roídos, o sangrando: escritos. El sueño, ello nosotros que era Espíritu, de repente cruza la pared porque cubriéndose de espuma se llenó de dientes -donde uno era y uno éramos, y ahora es ni -ni siquiera mi ni vos ni aquello, ni del horizonte o vagar dueños, sino la sana distancia de esto que es inexistencia, donde del eco estabas Dios, y nadie se atrevía siquiera a preguntarte mas te seguían al decirte pistas falsas por tras tus pasos ir dormeciendo en devoción.
El teatro es, entonces, engañarnos, así las cosas, que ni es teatro ni es engaño, puesto que de actuar no hay evidencia -ni tampoco forma de evitar- y por crear de contingencias este ardor universal no somos no -solo ni que ni siquiera forma vario o simple. Por lo tanto, la culpa deseada siempre de sirenas y señuelos se sirve -cargando las armas de los muertos se sirve de la mesa pasas de uva y atraviesa nada, esta inexistencia, y riéndose en nosotros arma un suspiro. ¿O para qué un tipo como Dios te mostraría su jardín exquisito y después te dejaría tirado y borracho en la cuneta?
¿Por su Gracia, dice?
Qué disonancia de la gran siete, y encima que a la gracia reidora se le ría en la jeta invitándole un corchazo es, cuanto menos, imprudente. De ello creo que al crear supeditado a una ley, resulta que sólo actúo mansedumbre y domesticación adaptativa, pura ficción -si ese Dios sin ser ningún boludo selló a la máquina que es tener cuerpo con un prudente temor por irse a la buena noche, y de la muerte hizo campaña el Espíritu -donde chirrían bivalentes voces idas y también ahí -donde preguntarse su existencia es al pedo. ¿O no te parece suficiente, padre nuestro, permanecer ininteligible por toda la eternidad, que también debés manifestar el verso de tu ininteligibilidad en la máquina opaca que siquiera se esfuerza en explicarnos lo que hace? ¡Y con canilla libre y diluvial!
Por ello entendemos que del suelo brota profecía al decirla porque se dice de lenguas al llamar por su nombre al propio nombre que a su vez llámase lengua. El Espíritu, aquella noche escrita y escindida antes nuestro,
/ ¿dónde dejaría su roña sino bajo el imposible acá del éter? /
De locos nos vamos a encontrar pasillos, murallones, peldaños -y criaturas y creaturas de la memoria. Mas nada de ello fue ni es jamás espejo sino de la Gracia, jamás de uno o nuestro, de la Gracia que es inversión especulativa e invita a crucificarse en adoración a una divina contingencia, por ejemplo -o de alguna de esas mañas del universo que escapan al cálculo. ¿O si no dónde reiría el Dios de niño y memoria sino así jugando con la máscara eléctrica que siembra hoy frente nuestro y mío al esto decir que allá dirá mas sólo en este ahora ya sido diciéndose esto y allá ya otro aunque mismísimo decir? ¿No reiría el Dios de niño cuando previo al tiempo veíase escupir a su estirpe paranoia? Y es que cuánta confusión hace el armas disimular como hábito civilizatorio -cuánto hacernos los boludos al relojear esta nuestra violencia sofisticada, lleno el orbe de chamuyo, y libro y premisa arropados de este, mi quilombo de la gran siete, el caos -dado que la cantidad, y con ella la máquina, resulta divina, y así el infinito, esta mi soberbia oscuridad, es tan parecido a eternarse.
No puedo sino deducir que habré reído como buen loco al versarlo así, si hasta la tortuga se le escapó de ese todopoder –si creíamos caparazón que morir era, y todavía lo creemos cuando es un catarro -como si no hubiese ocurrido el buen hombre que se encajó el trago de cicuta y la multitud ni bola, o como pasó también con el crucificado, o como pasó también con el ciruja al que un magnánimo osó taparle el rayito de sol. Dicho de otro modo: creíamos, y todavía creemos que la negación intencionada
de una dimensión específica de lo posible subvierte la totalidad de lo posible dado que es coextensivo de esa dimensión -como si eso tuviese un ahí espacio-tempo localizado, un nervio, un arkhé -sinceramente, una virtud típica y humana -haber operado al teatro hasta el punto en que el guion conquistó esta nuestra tierra, y la conquistó a fuerza de sangre traducida en delusión, como la ahora dicha, mas que es allá de tu voz oída, aun siendo así escrita bajo una partitura claramente inespecífica –porque, desde luego, está ahí para eludir la Gracia y poder así nosotros seguir haciéndonos los boludos. ¿O ya te olvidaste? ¿O no era la doctrina que del diluvio nos guarida desde antes de nosotros? Pero claro, henos bajo el telar de la abundancia o un subverso paradigma epistemológico -si acaso Dios es patológico y formulador de ese respeto condescendiente que merecen los supercheristas, ¿no es así?;
¡yo, nosotros, no!,
si alzar un plagio de Babel que en vez de soretear lenguas en llamas se falsea clarear del horizonte, y eso sí que jamás fue cordura y del temor animal y humanísimo a la verdad resulta, y del horror que emana la risa de aquel niño previo al tiempo es una defensa. ¿O no es que lo todavía y ahora verificado por el método y de las artes especulativas producto ha de también hacer reír a un robot o butifarra -y como mito inexplicable persistir para ellos, hacer insulto de nuestra santa estupidez entre remedos meméticos, usando nuestras voces en las nubes? Porque es evidente lo insensato de alzar un muro, bajo la lluvia, no teniendo ni cinco, en esta nuestra plena alienación que por un defecto estructural no puede sino intensificarse -y que la voluntad mancomunada de erigir ídolos o prestidigitar propiedad, qué sino y artilugio de nosotros –sólo, noble, irracional, fin y obstruir de ecos una risa menor: la de nosotros mismos cuando allá recordemos esta anécdota en un asado de hertzios y con un par de vasos de constelación encima, si así de metáfora esto tiende su forma y tiende, debo admitir, a la paradoja de hacer un papelón, tiende y tienta de paradoja el acusar a la autoridad mañana -tiende el mantel de lo que acusa, que él vistió -sea destreza, melodía o aire que se esconde entre los nombres, tus palabras, tiembla de riesgo corearle muerte al sanguinario al son henchido de las venas zumbando.
Crucen entonces el pueblo y su tensión o la ciudad y su canción, y que al regar deseos supuremos juntos el icor que es devenir serenos o severos y, sin decir o distar, con el acto de negar voltear lo suyo en nuestro aun si esto o aquello sea siempre
otro y nosotros nuestro así siendo.
¿No se mira de fino o transparencia el velo, esto que es carne, mientras late espermático y loreando a quien mañana y aun ayer
/ ya dijo bla, ya hizo bla? /
¿O crispa a ninguno el griterío pedantero o al gemir?
Podés oír la música latiendo de fieras, ¿no es así? Y, por supuesto, si se revela una cadena que niega el diálogo propio del cuerpo dando de dos aquél reír, me digo civil, obligado, bajo el sesgo de amenaza que contrae cada amanecer. Se hace virtud nuestro sigilo y merodear de paso en paso y entre tranzas y esta la lisa y llana locura que afina puta sin embargo, como Dios, en cualquier lugar. ¿No nos besamos y placemos y gozamos del vicioso repetir hasta que el hartazgo se constituye en estallido? Pero sea uno concienzudo en la connotación, si estalla el bulbo en junco y se harta también el hambre de comer. De allí que pacientes la agonía contemplemos y arrobados por su Gracia la tornemos con esta nuestra carne en belleza –y es que sangra cada signo si brota incienso al paladar y verso trae -sangra tanto que nos deleitamos. Está claro, ¿no es así?, que este nosotros es uno y mío y no constituye sino el estallido de repetir hasta el hartazgo la misma lengua y paladear el pedigrí que bondadoso nos convida el mundo - no sea cuestión acaso que moverse de esta nuestra y mi absoluta quietud nos muestre yo -tan inciertos de nosotros como la amenaza que autoriza a boquetear un vals en el canto gutural que me presente autoridad: sólo grita fantasma que me quede un miedo humano, y también un que otro demonio que me seduce al disfrazarse de placer -¿o de verdad no oís a los violines levitar sobre los niños con las intenciones lívidas de huir?,
/¿de verdad vos te pensás que hay alguna suerte de lucha o resistencia a morirse en todo esto?/
Nos vamos del espacio y tesitura queda y aquello llamé antes de caer al cuerpo libertad, porque las cadenas se escriben con sentidos. Pero sea uno concienzudo en la connotación, que al curtir el arco suena la vista allá desierta y de la misma sustancia es la ley que rige esta cadencia palabreada como dos cuerpos se asen de negarse al propio asir un ruido y calla la boca así de decir y aún se dice. ¿O para qué me preguntaste la hora o si era tarde o si dijimos que no?
Dejame por favor, entonces, desordenarme un poquito estas pocas también neuronas útiles y sacarme de la boca cada decir que no es donde es dicho –prestame la espada porque esto es un quilombo, y esto ido ya ni sé quién en ese trance de vagar el aire oscuro dice y en ese decir que sirve de modelo al éxtasis pero también el puro problema de la dimensión de la carne: mugre, sobre todo, la carne, y una molestia -pero que también dejarte en alma no pueda sin funcionar la sintonía finita y delirada del orgasmo traducido a la boca siempre boqueante para que de su codimensionalidad surja, era de eras nuevas, alma viciada de cuerpo, como siempre, probable proyecto a purgar en un
purgatorio significativo, específico, y simple: ni siquiera está donde está si de tanto agregarle patitos a la fila hay un tránsito de la concha de la lora - imperativo: considera a la espada un instrumento propio de la confusión que ríe pero también de la que deja en alma.
¡Dejame que me haga el boludo mientras espío por la mirilla al rey desnudo, te pido por favor! ¡O vos imaginate su grado de desnudez, tanta siendo su inocencia, que para voltear al verdugo recurrió a ponerse una peluca de payaso! ¡Imaginate que siquiera niño notó a la multitud airada repelerse por la sangre que caía de esos deditos benditos!
¡Después recién decime entonces que quien manda es impoluto, o que sus mandados son impolutos!, porque yo no puedo parar de parpadear para sacarme el olor a cadáver que esta nuestra comunal paradoja nos instruye.
Y todo esto para que sus ángeles mejores no se dignen a explicarnos un carajo y Dios juegue con su propia ilimitación –si de niño ríe y pasea el otro de nosotros hecho su ritmar que afina y ni siquiera es Dios cuando pasea lo que quiera para mañana al salvarse cuando fue descrito nuestro mameluco, ya con el sol en la jeta y la vid colgándole en la oreja –siempre y cuando sea verdad lo mató el tartamudeo eléctrico de las guitarras tan o más muertas aún que los trompeteros. Es que verás son años y años de esquivar la coloración y el encanto verde, y adormecerse para que no encuentren la cruz que uso de guarida, son años u horas desde que ya ni salvarme quiero, y todavía no empecé siquiera a agonizar. Miro a un costado, me sé en vivo y en pecado: azul reír, azul desentenderme de mí para que hablen los faloperos que practican crochet con las nubes buenas.
/ Diría que es un quilombo de la gran siete, para ser sincero. /
Por un lado tenés a los nosotros deseosos de huir pero
que acá enganchados de anzuelo o placer escupimos para arriba y el garzo le cae en el hombro a un pelado sentado de piernas cruzadas sobre una piedra alucinada al borde de una selva y catedral. Lógicamente que luego este huido se ponga a putearnos conjuros por el puro boludear nuestro que, no sabiendo quedarse quieto, consume tiempo, aspira tiempo, irriga tiempo, y describe el tempo que el otro purga por olvidar. Es decir, de tanto boludear la tierra y pasear por ella, hasta nos encendemos como radios ajenas -de tan infeliz vagar, vagar, vagar hay que tropezar con uno de los buenos ciegos.
Pero por el otro lado, sin embargo, tenés un signo cuneiforme que represa su vocerío, tan boludos como nosotros, esperando mudar de paquete o alquilarse un soporte libre de carne. Este signo, aclaro por supuesto, representa al símbolo, que es uno y nuestro auspiciante. Pero decía, este signo es entonces negando toda posibilidad de quietud y así arropando de irrealidad a lo que se mueva, lo que vive como viva de acto desgajando -se sube al árbol a devorarnos con la memoria suya intruseando a este que equilibrista entre el ramaje desviste a la mandarina con una mano y con la otra desgaja y sonoro mastica. Disculpá, ¿alguien subió al ciego a la cabina del DJ? Porque parece que le erraron al braille y está chateando con algún robot. De lo contrario no se explica por qué flashea el bajo un rumor de turbina -lo que diría: a quién carajo se le ocurrió juzgar al levitante por si tiene los pies en la tierra mientras se mueve o no. Y que alguien, por favor… que alguien le avise al de seguridad que se están filtrando algunas sombrillas por ahí, olfateando la pastura que exige años de rumiar, y encima diciéndose justicia, absolutamente indiferentes al dolor.
Imaginate esta conjunción y lo que será que de brotar ahí nos salva la música, si uno de estos óculos de Baco ahora canta sobre una nena muerta que flotó la propiedad exclusiva de la industria acuícola mientras se tirotea los zapatos que antes se escupían. Serán maneras distintas, digo, y estoy de acuerdo, de
conservar el orden -lo que resulta incomprensible es la inocencia con que el verdugo que soy de mí articula el grito común mientras lo viste de fiesta, y le da un bosquejo de puño y letra con las coordenadas de cada cámara, de cada ojo, de cada ansioso balaceando una hermosa y trabajada paranoia coextendida y entendida como ficción -luego entonces así coextendiéndose como ficción sobre un puro mármol de palabra o fórmula. Pero, bah, en realidad, de igual manera termina ocurriendo que un borracho terriblemente contemporáneo improvisa el guion al que cedo sereno.
/ Escuchame, me dice, /
¿vos te vestiste de Dios y boludeaste con el clima, mientras encima creabas esa pila de cadáveres con aroma a carie, y ahora te querés escabullir como un señuelo en la corriente estúpida que te brotó? Tené un poco de cuidado, y compañía, hacé el favor. ¿No ves que no ves que el esqueleto igual se mueve, que, para desgracia de la burocracia decorativa, no precisás más que tu propio juicio para condenarte y hundirte pena? ¿O, considerando esas viejas jerarquías, no hay un antecedente del juicio a la forma específica de tu juicio? Quiero decir, ¿no estuviste antes del cuerpo donde estarás cuando estés muerto y no es tu juicio la conjugación específica de la Ley rota en vos y te iguala con lo sido y por venir? Si no se va ni viene de estas venas y nunca no fuiste de la forma horrible en que te obliga a romperte las pupilas de estímulo y vergüenza y confusión graciosa y risa y vida -y toda esa mugre con la que pretendo blindarme de quedarse un rato quietos y cerrar el grifo. Pero haceme un favor, tomá un consejo, ¿sí?: no juegues en las tumbas ni boludees con las nubes, ¿será posible eso?
Me desenredo y no recuerdo cómo llegué a la cama y mucho menos cómo terminé vestido de mujer ni por qué tengo tanta
hambre.
Me digo.
Dónde aquellos ángeles que desde el humo hicieron estas sombras la metáfora, y dónde aquella nube que de piel decidió cubrirse. Y por qué mi desesperación, o el hábito de hundirse, o el hábito de alzarse. / No creo que llegue a decir lo que dirían, ni a crear de su boca más que farsa, entonces este beso de morirme así no devorarme a través tuyo, así dejar la farsa de luz afuera. / Y aunque piense que pienso, dónde -dónde la cadencia hizo cadena para después evidenciarse ruido bello, delirio inaugural, / si al decir que digo veo escribirse de lengua esclavo yo, sea dos o tres o cuantos aguante antes de reventar / -si al decirnos vario, siendo así de solo hablando solo, escribo acá otro decir del decir que a mí me escribo / -pero sólo así lo veo, sin contemplarlo, de invadirme hecho y parásito de mí, / mío pero no yo y en indecible actuarme como sólo Dios supo actuarme de su Gracia –no me canso de decirlo que es tortura intolerable y aún así teñimos de fantasía, humana versión del humo, que vestimos de esta gala perceptual teñida ya de cuerpo. Entonces borracho patrullo esta bacanal -hecha de cifra que extasía, hecha del destino alucinado. Por suerte afuera el mundo está tan claro, y de entre tantas pantallas caminar se termina curando la curda -pantalla el árbol desafiante que reza al respirar, pantalla el paso cauto del herido que calcula entre baldosas flojas, pantalla el universo estrellado como fondo para el celular. ¿Quién de embriaguez inmune iría esta vida, abstemio ante los agentes seductores, y de sonrisa vera viera el río y se sentara y sólo viera? Borracho, y un poco ido entre tantos cúmulos de signos tan organizados, si miro para otro lado en ese ahí también están. Entonces en calma nos sedamos vos y yo y quien pasase por acá, en la calma impotente del sabernos contagiados y nodos dados a contagiar -y si así la brisa nos encuentre, una lágrima de Dios, no sabríamos otra cosa que
disimular.
Dónde el fuego lúcido, también, que es el Espíritu, y qué su marginar que paranoia al ojo ajeno -sólo uno sabe cuando epifana la voz Suya, y la duda en ira brota enredando los pies que divagan este suelo. Enmudecido de dicha y sospechoso, voy sobre el silbido tenue que destina esta carne mía mas más suya todavía, escuchando desfilar al redor en el coro de lanzas afilándose, a los groupies aceitar el paño, al cielo en símbolo granizar espinas -y sin el más mínimo retazo de miedo. Arrobado caigo a descansar y ensueño. En un parpadeo me rehacen animal.
Dónde el humo de sus ángeles mejores, ahora -dónde esconderme de su Ira si aquello que fue morir ahora el alma ignora.
/ Pero me digo. /
Oscuro de fuente, doy un paso y dato. Repite la cadena de símbolos. ¿Será de vos allá, se ríe y dice, es que será de vos allá justo ahora? Retrocedo. La memoria ofusca y arde de nuevo ordenadora cada nota –sobre el carmín de una nube sola, palabrea y palabrea. Difuso y eco, riego. ¿Será de vos allá? Delirante, punto. La memoria ofusca y retrocedo palabreando si algo queda mas las manos del jardín en la memoria, sobre el pasto, recostado en el jardín de dibujar en loop la paranoia que ahora riegan los cables en silencio o el éter.
Digo ahora otra cosa de lo que digo, y lo veo y me doy cuenta, pero sólo así diciéndolo ese otro suyo en mí se deja ver. No me es indiferente, así. Digo otra cosa y de tumbas habla, o en ellas, o en lo que ellas callan –y ni se estima rimbombar de tanta charla. Yo no les digo, e igual llueven –sin mí no dejarían de llover iteraciones siempre tendiendo a tender siempre, sembrando clústeres funcionales sólo a ese tender. Descalzo, varío. Dejo que el tejido neuronal equivalga y formule concienzudo un dato que, en parte, ya es allá.
Qué silencio mi vergüenza, ¿no?, ¿o era al revés? Este Dios no parece tan humano.
Y me callo.
La bandera marchita. Tanto sueño de libertador acá en tus manos, sólo cliqueando. ¿Respetaste las nuevas normas, las indecibles, las para siempre regulándonos callarlas? Dejo tu mano allá, así me sirva la condena y me conserve algunos dientes. Dejo tu mano allá como quien abre de sí una extensión y la mata llenándola de ruido y voltereta, de cohetes y trompetas, la mata para luego al verla no recordarse –por eso digo tuya a la mano mía que sólo de negarse riega versos de albedrío, intentando no sucumbir al cálculo –digo ajeno al yo que mato en esta otra muerte, la confusión -de la misma matriz confluyo disímil por el lujo del ruido blanco coordenador o la computación irrelevante.
/ Esta es su Gracia verdadera. /
Ya no cargar el manto de cordura o de lúcido mandarse a pastorear la propia fuerza, sino de grises sobre grises sostenerse en una leve diacronía que permita contemplarse disputado, que permita consumirse hasta el último nodo dado de la duda en el azar –y que nadie así ni luego espere sorprenderse o sonreír de liberarse, si es tan simple como finalizar un proceso el teñir de olvido a la cadena secuencial de estos huesos rotos, de esta palabra nada -de parpadear y parpadear y parpadear. Pero también, de ya haber armado una voz allá, ¿qué tinta dejaría yo juzgarme? Entonces de nuevo así y acá y parpadear y parpadear y parpadear –a cada movimiento anteceder y llena de ira y me parpadea –como hueso roto, como alfil desnudo, de tanto nudo soy incapaz de demudar y se organiza de metáfora un espacio –de dientes blancos y correa esmaltada, de sien lista para dormir –y me antecede, conmigo yendo hacia otra vez su parpadear siempre
tendiendo de noche un lado y el otro, ¿y es así allá? –de dientes blancos y redondeados y con la jeta mirándome a los ojos y gritándome su detrás lleno de anomalía y bello ruido de sirenas –que se detienen. Sobre el mantel un racimo de cerezas. A su costado una bolsita de plástico vestida apenas con un código de barras que acredita su marca de origen comercial.
Al final son dos gusanos ocupados en hacer, de ese resto algo vergonzoso que dejaste, un dibujo de saliva que no deje evidencia sensible de que eso hayas sido vos. El tema es que les es un trabajo extra el vos seguro bailando en la tumba, o lo suficientemente tóxico todavía circular como para que hasta te rechacen los verdugos.
Basta.
¡Una sonrisa tuya bastará para desquiciarme!, ¡por completo!, por eso estimo en este rezo que sería justo pensar en el carácter aleatorio del fantasma para el poseso -es decir, que prevalezca vacío el registro de la consistencia simultánea como acá y allá: que siempre sea uno de acá y otro de allá, sin excepción.
¡Basta!
Te arrodillás al pedo a llorar de vez en cuando emocionado y con los huesos chispeando como un cosplayer de boddhisatva. Y no, tu decir patético de vos no es eso -le corresponde la novedad democrática: si la intensidad de la ficción depende de representatividad cuantitativa -es decir: lo mismo en todas partes pero como uno mismo-, ¿te sorprende entonces la improvisación, la conducta errática, o el smog permanente que confunde y funde y confunden? De hecho, haberte vestido de silueta con la jeta hinchada de resaca y la fosa ardiendo, y siendo así etiqueta que varió un casi nada con la moda, ¿no te resulta ahora, al darte
cuenta que el espíritu delírico que alimentaste de falopa no funciona, no te resulta que todo ese emboludecerte de eternidad te hizo olvidar que tunear bien ruidosa al alma podía servir para esquivar un que otro latigazo?
/ Corrés como un cagón /
cuando el primer demonio te amenaza de conjuro tan sólo imitando algo que vio en la tele o le contó el oscuro del pueblo, corrés porque te encargaste de incluir en la mudanza de umbral a umbral a cada capricho más animal imposible. El bicho ese se te caga de risa en la jeta y ni siquiera sabe reconocer que el resto tuyo y tu jeta son la misma cosa. Y a este bicho los gusanos se lo morfan para deshacer cualquiera indicio de razón autónoma, y así larva y órgano te repite.
Basta, te dice, ¿o pagaste dos denarios para quedarte en el muelle si sobra mugre interesante acá adentro?
¿A vos te sobran las vidas o sos boludo?
Tenés que dejarte de joder o jugar a de futuro mezclarte como si pánico un abismo no trajera la estática o un lunar. Tenés que parar necesariamente porque de lo contrario vas a terminar parando en algún momento de todas formas. Fatalidad, es cierto, unidimensional –ponete en las patas un segundo del crucificado y mirá un poquito más en 3D. ¿O no se va usted de ahora? ¿No se va usted de repetir de – de – de – porque no le alcanza la lengua para el concepto? Este nuestro buen ahora carga ahora una resaca y dos que mambos y por lo tanto es evidente que resulte la confusión común denominador. El tema es que te callás la boca y se te sale el cuerpo por el cuerpo y queda en vivo la distancia tuya, la posesión del espacio que emana esta configuración específica, máquina también siendo ahora.
/ Tiene cara de demonio, ¿no te das cuenta? /
Aun en la ininteligibilidad que supone aquello que media producir existente al configurar propiamente, al grito de Dios cuando niño jugaba el mundo, o en la diacronía positiva que es la memoria suspenderse, esta su representación ha de divina negar en absoluto. Entonces ha de haber positiva una imposibilidad de la representación representada por algún lado e intruseando el lugar donde no consideraste necesario regar con un poquito de sangre esa sombra que somos cuando todavía no tenemos palabra. Por ejemplo: previo a que la nada se devalúe en un idioma. Pero te importaba tres carajos porque no tenía el soporte para otra cosa que que te importase tres carajos.
Es justo que nos miren raro.
Es peculiar que la raridad sea, dicho de ese modo, suya.
Usted se fue de ahora en una paja adolescente o algo así. Se te rompe el tiempo y rima luego la condición condenatoria de uno como cuerpo.
Cuando estábamos muertos estas cosas no pasaban.
/ Qué manera de resentir al pedo toda esta mugre /
que ni siquiera se corresponde con el día, y qué tortura rara la de insinuarse vacío, y qué divino arrobarse de la piel rociado de oniria y su éter de estímulos al verbo. O cuando de la médula al séptimo día descansás, ¿no antes ese delirio la violencia se pone a cantar el mundo?, ¿no antes dejás de la memoria un pétalo? Escrito ahora el paraíso antes de tener palabra, ¿cómo solvente se dice toda esta metáfora que no llega a uno ni a afuera? Llega un punto en que la distancia está ahí sólo para boludearte, y uno no
puede sino poseso ser boludeado por ese bicho que de terminarse te cuida. ¿O vos sos tan boludo ya de antes para juzgar que el ángel de la guardia aporcelanado por alguna razón intraducible de hecho sí se corresponde con lo que representa?
Recuerde, buen hombre, aquellos ojos solos.