Cú-cúMentí tanto que me olvidé que estaba muerto. Desde que tengo razón o algo así, palpitaciones, sudores y vértigo y de vez en cuando un picanazo de éter y otro tanto de orgiasta los vicios, como el privarme de hacerlo. En 6 añitos fui Dios, toqueteado, y un rayo se me puso a un paso y un gato lagrimeó un zafiro. Sólo lloré por esto último. Sólo signo de maldiciones, que haya estado enfermo y esas cuestiones, es el tema de haber creado el mundo. Pintón, bien ario, pebetín, de futuro lleno de cajetas: timbearse designios sobre la vida ajena, que no suena a pecado, y luego no tiene perdón: clara intención de retornar al lecho, el semen del Nazareno (buen tipo, medio exagerado) cursó de simpatía una lengua que se abrió y de repente: cuac: ni pasó ni no pasó. Gente sexy, gente pulenta, los tocados: los toqueteados de transfinito por ejemplo, rezándole al dictor en su aleph la pasión enfermiza que contagia la revelación: gambetear un cisma, dibujar un conjunto de n+1 y de ahí que un vienés se rescate que tuvo una suerte de locos: le bastó leer del Cantor en vez de vivirlo: un cuentista que se rescats que seremos, incluido él (n+1) de continua figuración entre evento y la palabra, su traición, unos pelotudos: ni dignos de condena, apenas corkis en el Juicio Final llegando de prepo con descuento para cubrir el cupo de diversidad -la burocracia celeste, amarilla, blancuzca, lechosa, bulbar del paladar hace natura, y del clima se aconseja cierta fascinación, blueprint berretita y efectivo, traer con uno la memoria suya y la de uno haber en ahora existiendo ya habiendo sido de perpetuo diferir a del decirlo un existido: se me rompió la boca, una vez más, y no me interesa en lo más mínimo coherer si el pánico de acústica se forma con la resolución n° 144.000/26 a que sin la más mínima idea de por qué te timbeó Dios su decreto, se te van cayendo de los dedos verdades, verduras, mugre de altísima alcurnia, expresión del cuerpo y la hostia y todo transcrito a una fina arquitectura de versículos y ridículos debates, como este, n+1, que de darse cuenta, sin querer prestó el cuerpo -hablo de mí- y terminó nadie: habla del sí. Aclarado el marco conceptual y precepto metodológico, se entenderá que mentir, te soy sincero, te será mostrado en la jeta como baratito, baratito, en contraste con el numen, el cero, nadie, lo eso, mismizado, indiferido, que en esto hablante de ya nos vuelvo plural simple de un vario y confuso bacanal. El principio de legitimidad, la raíz ética que me sustenta en esta atrocidad, es haber, con excesivo detalle, existido en discurso no, en acto que suena a vulgar infeliz, a pobre tipo condescendido, la falopa que hace esto en los barrios y en las comunidades autóctonas, la pasión criminal por discernir la vacua predicación nominal en aire de arpista o furia barítona, o bien esto: la sucesión inconexa de elementos que homogéneos configuran el rondó en que zapatean los peldaños de una tribu, un tribunal, un anfiteatro o un viaje tradicionalista, que bien podría menguar sobre su natural devaluarse en cadencias de venir desde allá, n+1, el mismo aleph_subíndice_1 -que todavía ni empezó el omega -¿vos te das cuenta de la inmensidad de lo sido que te pone en las bolas una lengua de eventual caricatura y ni siquiera te das cuenta de que te acarician los huevos las criaturas?, ¿cura y despistado, che, atorrante y borrachín, criptógrafo de un aleph_subíndice_cero, sin todo el bagayo que convicto te conserva en este noble apartamento de la riqueza eterna? Bien. Yo querría morirme. Él me entiende. Culo sanoMe estaba acordando corazón que ellos aquellos años los que te están enfermos están indiscreta vulgaridad nos enseñabamos los fuegos y yo te susurraba en el asiento de atrás de una chata llena de borrachines amigos vení mordeme un pezón sentime la verga cómo se pone enferma cuando vos te disculpás por empujarme el glande en el culo y ni disimulás las ganas de que te cague en la pija y así luego me rechaces y no olvides el asco y de una mañana oscura te agarre mal parado te ponga la cintura a la altura de la vista y te saque hasta la última proteína del ADN y como una furia trastornada me meta tu boca en las tetas y te asfixie como una bacante desfilando y ah! que sereno gozo hayan sido aquellos sensuales años de chorrearnos donde pintara la sangre a masticar o al menos una chupadita de concha ah! qué belleza oscura ahora que cae del disfraz el supur de la herida que convenimos como posesos a perpetuar: y yo te miro y te odio con una precisión nanométrica, porque a vos tanto no se te erige y yo ya ni tengo mamas. Si tuviese un toque más de cardio diría que eso he el realizarse del pecado original: tender al jardín desde siempre y siete veces querer quedarse -una por cada orificio. Comprenderá, lector, que las pasiones no han cambiado sino la simple costumbre de cerrar el ojete y bajarse la chaucha con pornhub -acto seguido de contemplar la vidriera de alguna aplicación de gente que no quiere coger: que declara su presencia en el fuego como resistencia. ¡Ah, la buena cristiandad! O ese par de budas drogados de opio, degenerados, en pleno Vietnam ardiendo para una tapa de Rage Against the Machine -comprenderá, lector, que Hermes no hace ni es quien ase de este ocurrir un hablar actor que acaba en letra o en cadena de ácido lisérgico o ribonucleico, lo que ocurre es que Hermes habla: yo me olvidé que me morí, y no solo una vez -se me hizo costumbre, creo, no recuerdo, pero al menos dos veces me sepulté entre los tormentos de cine indie cuyo blanquinegro resulta sospechosamente infernal, de una miserable coincidencias con los eventos reales, de una paciencia que, a la danesa, se disuelve: desesperamos en murmullo con los muertes, sin orgullo, más dignos de haber herido y huido pretender: sostener la farsa que nos invite a levantar una multinacional de virtud o una PYME de prudencia al menos. Y sí, estas son memorias, y sí, créame, prefiere esta versión a la honesta, sencilla, afilada lanza de lengua rentable que, con un prompteo, te chamuya su lema y te lo convierte en deseo: un genio invertido, inversión genial, algo así: no te dice qué, ni cómo, te lo enchufa, y se lo agradezco. Cuánto extraño tener el culo sano.