Encontraba yo un artero cientista de cierto tropos humano, y humano era y ha de ser, que entre la selva, las picaduras de mosquitos, los raspones de ramas afiladas y un que otro bicho que de cierta probabilidad cabrías en su boca como un caramelito: la costumbre de irse de casa, vuelta profesión, y exponenciada en la histeria de acercarse a la noche a mirar si misteria, condujo al antropólogo aquél a la materia amazónica y se encontró con un milagro de las artes, con preciosa educación disimulado en la lengua académica: salvajes, bárbaros morochones, que de repente se revelan incapaces de articular una simple agregación artimética: dicen este por aquel otro, y dicen eso de aquello allá: discretividad alterida, o alterada cuantidad inexacta, indeterminada, medio berretonga.
Lo peculiar se que nuestro héroe logró, de alguna manera inexplicada aún, preguntarles cuántos –sí, cuántos- mundos existían, y, por algún soplido del espíritu húmedo de cajetas selváticas, recibió la respuesta en cuantidad alocutida.
Irrelevante es la activa ignorancia pero inocente sapiencia de ni siquiera darse cuetna que le estaba metiendo en la boca al informante clave una galletita de prestigiosa marca, una de esas latas de abuela conteniendo hilos, agujas, manteca y miel.
Entiéndase que tuvo la suerte de quien ignora bien, y en el momento indicado, como una tragaedia de un dios tarambana, acaece la estupidez –y de tan reveladora manera que ante los ojos del mundo, o la CNN, termina hablando de cómo se siente hacer el ridículo por enésima vez: muy bien, estoy muy contento, me siento mitad Séneca mitad Lucrecio y empomado por Diógenes -¿qué otra felicidad hubiera?
b. Discretivididad por umbrales de continuos modulados
Suponé por un segundo que tenés, además de ese hermoso par de tetas, ojos puesto en la jeta. De repente, paseando por el paraíso, se te cruza una serpiente o un esquizo, y además un arcoíris descansa en el agua pálida y verdosa del monte que goza con la tierna humedad brotando hacia la forastera, llena de furia, o caliente como una rima.
De repente te cae en la mente que esa claridad falopista de existir algo de la naturaleza de un arcoíris, presenta la particularidad de confluir en la pura luz impura de los blancos y su artera natura, pero al revés: colorida bandera LGBT escupe la luz sobre el ondear de la nueva y fluida corriente de mugre y pececitos bastante hincha pelotas. Si te acercás lo suficiente pero no demasiado, notarás que lo claro del colorido siendo tan diferenciado, ocurre en un rango tan preciso que parece emerger del cuadro del Photoshop con donde cliqueás un color medio al boleo pero parece tan precisa tu elección. A ello llamo un continuo modulado:
el estímulo como fuente es la misma y mugrienta luz que operada sobre la flexión de vaya a saber qué efecto falopa de un Dios, produce el rango amplio y al aojo acostumbrado se representa la paleta de un pintor bastante pete: mas la peterigenez tan colorida, puesto el ojo en afinada simpatía, pierde sin merma su precisión hasta que la curiosa y discreta actividad de la pupila conserva una misma extensión modulando en el ángulo en que de la tierra se pliega o al que tiende. No tenés cantidad ahí, tenés, con suerte, el Dios drogado que se enfermó a los pocos días, justo cuando se daba a nacer César Vallejos.
La luz claramente es la misma basura, y tus ojos, lisérgicos, de magia llenos, y con un par de macumbas en la espalda, de repente a la clara diferencia el espectro de continua velocidad inacaba, traducen orgullo.
III.c. Discretividad por umbrales intensivos (flujo intensivo)
Ahorrémonos las boludeces: imagínate que estás compleamente dado vuelta en una rave, y que al otro lado, como a un metro, tu compinche te pide un charrito: vos le gritás, como un zombie: ¡¿qué?!, ¡¿no ves que me sangran los tímpanos?!, ¡acercate pelotudo! El canal sonoro saturado exige que lo trates como el ojete, y él ni se enoje porque no tiene charrito y necesita de tu caridad para ponerse de la gorra. El umbral intensivo, aunque cuantificable y a forma instrumental pueda ser reducido, está en la intensidad del volumen que el flujo sonoro que tenés que forzar sobre los latidos de un croata, eso hace que tu mensaje tan amistoso pase de ‘mavale, amigo, tomá esta pepa y zambullite este corchín’, al insulto que la voz alzada, en grito, debe producir: cómo vas a ser amable cuando te arde la garganta de tanta mujer que te enchufaste en el cuerpo de joven adulto que portás.
Si coextendés el mismo ejemplo, notarás que se discretiza también el grito de tu jermu cuando la enmurran, de la voz desesperada del sufrimiento ante una lobotomía: la cantidad de hertzios que le atribyuas es ponerle un termómetro en el culo a tu abuela y desearle un feliz cumpleaños: la modulación cualitativa de la enunciación se produce y se decodifica en función de la intensidad emitida y recibida, de un umbral impreciso y aun más para los puestos. Dios os bendiga.
A-B
Mas ¿de dónde goza el cuánto símil fama de eternidad con la esfera y lo bello? Así como de nacer se mama el pezón a cuerpo que cuerpo uno no inicia, que mama con la boca viva, así también lo vario, uno de unidad múltiple e indiferenciada, ha de preexistirnos: lenguaje general llamo a la relación positiva de lo vario entre sí: lo vario que es el nacido a con su madre, en tras mamar de pezón mediando: así el mínimo menor de nuestra discretiva presencia otea la presencia áurea de lo afuera y nos otrea: así también al mínimo menor llamo al-menos-dos, con nada inocentes ligazones, para una dosidad que no cuánto aún, mas simple alterizar de lo diferido, que en activa relación han de estar –y cuya actividad indiferente a intención ha de poseerse. De ello, en ritual de alta alcurnia, la formal materia de A para B insuficiencia como de mínima dosidad, dado: A ( ) B, cuya comunión en nada prospera, y luego su copresencia sea mera y simple abstracción de haber visto para que pueda haber existido. Mas la simple también forma de propongo esto como A-B, intenta en humilde legislación componer a lo diferido como tal y entre sí sólo dada su relación:
Donde A y B aun no conducen a cuantidad de mismizados por legítima correspondencia, producto de incierta, lo reconozco, y formal copresecia que posibilidad es de su relacionarse: ese relacionarlos producto nuestro poder fuera.
Mas de A-B la inscrita ligazón en su composición se posa, y A es para B otro cuya otredad ha de posible ser por copresentes de positiva realidad y en forma ser, y de su relacionarse en homogénea silueta o contorno mismo en conjunto relacional, recién entonces decant su natural propiedad de agregarse: A-B es ya la mínima conjetura que exige la realidad del cuánto tan así exacto que por perfecta comunión de sí no son ni es: por el contrario, es la relacionalidad la que permite inferirlos conformar un diferido de mismizados, un rango normalizado para computar. Tras el 2, en cantidad, como primero, el uno y simple determinar de cada sí, A de B como B de A, contienen emanada unidad del que suya aprehensión lo Dos antecede.