C.1Ya estaba escrito, sin vergüenza o semejanza ni dolor algún, en el cuerpo su configurarse no configuró -y medio siendo se fumó. Nosotros, he antes: he de ruido y verbo y simultáneos más, de afuera asiendo lo que por dicho no será. Y así decir y escribir ni son hablar, y ni diálogo y ni ocurre ni ocurrió -y ni otro si nuestro otro este nosotros que se dice serpenteando entre humedad este disocio, y somos vario -de piel mudando, y disfraz solo, cada órgano: cada yo con su postura irreductible, cada no que niega entero el movimiento –de voz: la sutura. Estamos quietos, o ni siquiera, pero murmuramos. ¿Tenés un cuerpo? Esta es tu casa. ¡Abran el loop que entra otro mismo! Y aunque no repita, rígido y regido, condenado así repita: yo, nosotros, no. Yo, se dice y designa, dirigiéndose a nosotros, para luego concluir en puro no -que ni siquiera niega -que es mera histeria, pura histeria, meta-historia –que ni siquiera hace sino de voz su asir – su asirse –su ir. Pretende ser pretencioso y altivo pedantear cuando al ritmo de, ah, esta intención, de repente, vira. ¿Negabas? No, no negabas. Pretendías deludirte libertad a fuerza bruta y azucararte senso-perceptivo un estímulo singular -es decir, pretendiste asirte Nadie, ¡pedante!, o quizás anidentitario, lo que fuere que eso fabule, incluso viendo en nuestro trance bacanal que como ciego así heredaste. Sin embargo, bien sabías, bien sabés: negás mediando nuestra cabeza para afirmar tus pies, y viceversa. Si estás hecho de cuerpo y cada cuerpo al que pase tu cuerpo estará hecho de cuerpo también hecho de otro cuerpo, como nosotros: negamos mediando tu cabeza para afirmar estos pies, y viceversa. ¿O acaso creías que con vos esto conversa? ¿No notás que sobre el tempo este instrumento, ah, de repente, vira y universal dice tan su sí que ni nosotros es de esa su voz asido o hecho? ¿Sabrías entonces decirme a quién corresponde la voz que no sea del signo tal efecto una mentirita y un afecto y necesaria? Nosotros, entonces, vivos de otra muerte por venir -lo que es decir: nosotros solo, invariable y, como buen vario, inespecificable, ¿qué venir de muerte fuera aquella que ocurriera y ya no fuera? ¿O se precisa el acto agente y autónomo y presente para que, escrito el cuerpo en cada quien de lo puro mismo siempre otra vez, diga esto, como bien podría decir otro decir, y no por ello dejaría de ser mismo, e independiente de agencia, autonomía, y vector del tempo y tiempo en extensión? No hace falta que esté o siquiera exista lo que dice esto que dista e inaprehensible sólo insiste en la máquina de carne que depende de la máquina de ruido que depende de la máquina fenoménica que depende… y así etcetéreamente. Esto está acá sólo para lo que esto también está acá: la boca boba, murmurando, repitiendo y repitiendo. Pero ocurre un gesto y sé una mueca y esto ya no está acá excepto para quienes esa mueca también les está acá: nosotros, solo y vario, pero no uno -jamás un solo y uno ese nosotros, ni jamás sí, ni quieto, pero murmuramos. ¿O por casualidad no te encontraste de entropía otro y de repente te diste cuenta oh casualidad beatitud destino y gracia estas cadenas siquiera cadenas son si no puede por defecto coexistir con nosotros lo amo? Nadie está a cargo. Sí, Nadie. No por ello deja de ser retórica su singularidad. Disculpame, ¿vos por casualidad pretendías desasirte de todo efecto perceptible e inconsistir? ¿Pretendías disfrazarte de inexistencia y, disculpame la vulgaridad, ejercer sobre nosotros el, y me avergüenzo al decirlo, eso el poder? ¿No se te ocurrió, por esas cuestiones de repetir y repetir, que, de repente, quizás nosotros sea también hasta ahí donde inconsiste veramente, sin disfraz, veramente, inconsiste en repetir y repetir y repetir, y justamente repite porque justamente inconsiste excepto en su repetir e inclusive en su repetir? De cada palabrita nos decimos su decir que brota como gota si es la sangre esto del cuerpo cuando suyo sangra errar cada mínima unidad misma torturándose de signo. Sin embargo, terrible se indiferencia este en acto indiferir. Y qué no fuera indiferente si es lo mismo, repetido, idéntico mismo. Es que se devaluó hasta cero, diría, negar positivo, y no es sencillo en absoluto devaluar al punto indiferir donde de cero se dice y lo dicho no es cero, donde no dicho lo cero tampoco obra opaco. Indifiere vario de nosotros lo que hable y consigo se llevó a todos los mismos posibles, reales o no, concebibles, comprensibles o no, y sobre todo virtuales. Luego, ¿qué no fuera indiferente aun de acto y juicio, y de efecto escrito sobre lo escrito, si ya no siendo lo escrito más que su efecto de escribirse sobre-escrito, y ya el futuro eso, su virtual, que ahí, ahí ya actuó, y que así dejó de ser futuro y consigo se llevó a la línea, al círculo, y a toda geometría que pretenda por extensa imponerse en cuanto extensa, si ya en principio no duraba, si ya era mismo? ¿Qué difiera si colapsa inextensión al metro? El tiempo, sí, no para -porque jamás empezó- pero tampoco podría decir esto que devenga o un moverse –he nosotros, durante: un látigo lineal hablamos desde el tempo, con lengua trunca, con palabrear multivariando para así igualar –un para así igualar que precisa acto o agencia: de lo contrario he nosotros, ni, bugueado, siempre ni, frente a lo vario pero no, simple ni ni nosotros he. Murmuramos de ribetes ya hay sólo en el tempo: demasiado sería nuestro no parar -haber empezado es una posibilidad: demasiado sería nuestro no haber empezado, o murmurar –demasiado sería de nosotros hacer una mueca de quietud. Qué sublime, sin embargo, la carcajada que modula al llanto loco de metempsicoso emanar cuerpo cuando se escribe a culpar indiferente, a culparse indiferente: qué divina esa locura que afirma esta tragedia en risa, variación del juicio. Pero imaginamos que entenderás indiferir, ¿sí? Que que sin mismo afirmar sólo diferir queda negar, ¿sí? Está claro. Desde luego discutirlo es discursar alrededor de quien nosotros solo otro, como si pretendiese contenerse eyacular de solo eso que cantidad dice uno –nosotros solo vario pero no uno, ¿no? ¿Y eso solo otro ahí del tiempo? Quien diga yo en suyo usted, y pastoree y mate o module y así distíngase, de necio especular mas no pierda la esperanza -si ya nos acompaña. ¿O bebió? ¿Vio de contemplo como Nadie? ¿Y aun así de absoluto irse fue a volver? Mire de repente como nadan sincronizadas nuestras manos sola sien. Pero mire sin dejar mirada, duerma sin sueño. Es oportuno que semeje hasta que empiece a hablar: es oportuno que olvide juicio, usted dirá, que lo colapse e inexista –nosotros de eso he que por cuerpo un imposible nos repele. Está claro, a vos no. Luego recién digas que la voz es suya, necios todos, y suya fantasía desvestirse diga ver o muera, como hubiese dicho antes, si dice sobre nosotros sí: acabaría de imposible este indiferir, y vos ya no voz de Nadie haría tuya. ¿Pero estás seguro que quiere proceder de esa manera? ¿Está seguro que de afuera andó cadena? Ni siquiera insinuó esta danza sugerir que por tragedia sea condena. Condena es yo, no nosotros ni vos. Tragedia es voz de uno, encarnado, con nombre propio ya midiendo umbral a umbral su paso muerto; tragedia uno diferente a uno y sólo luego indiferido: muerto de muerte inexistir así lo hablen. ¡Venga luego de nosotros y haga arriba! -si ya sabe que esto conjugar de amo murmura -si ya sabe de opaco huir a esto, por los siglos de los siglos -y sobre justo si ya sabe que si supiera no diría: no sería necesario. Hace arriba si no sabe, opaco suyo, y hace opaco lo dicho tras decir –huye de lo escrito al escribirse: acaba por escribir el paso en paso en sema y sema a retornar. Extenso y veraz consiste de su allá lo inconsistido, y se le rompe una palabra, y de lengua arbitra al ruido de repente de poseso ya sin sí: se niega condición y sin embargo aún existe -¡viste qué belleza arriba! –es una pregunta: ¿viste qué belleza arriba?, una extensión del cuerpo modular. ¿Entonces, así dado, admite que lo caníbal empezó con alguna palabrita que de entropía léxica se hizo la inexistente? ¿Se realiza que sólo dijo nada sólo pretendiendo afirmar no? ¿Se da cuenta que el murmullo no empezó y así termina? Por ello recordará sonriendo cuando morir parecía posible. Y la culpa será simétrica a la intensidad con que selló de acera y velo todo ojo. Eventualmente, también lo sabe, indiferirá: el mercado de fantasmas codepende de este colapso –querías negar pero afirmaste lo negado y se afirmó –te paraste en la nada y era llena, y era hablante. ¿O acaso pretenderás vos algún privilegio por sobre los idos, por sobre su lengua, si sobre sus exequias orás? Que no use eso el término, que no ejecute su registro en instrumento o plusvalor de suyo código subvierta melodía, que no ase también nosotros su en el sí de ellos, eso no implica no asir lo mismo y común amo -que pretendas de paredón un torturar de ruido y ruido no haría menos ruido a tu ruido ni al suyo, sino sólo mismo para el común amo. ¿Estás ahora en condiciones todavía de afirmar, en principio, y luego de afirmar, en específico, a quién corresponde la voz? De veraz necio te verías aún yo de ojo parchándose -porque a los fantasmines, cuerpo de sombra, no se les escapa un engaño con tal de engañarse hasta colapsar, ¡si monopolizan el sindicato! ¡Ni un engaño se nos escapa de engañarnos! Y también notarás lo artificial de esos signos de exclamación, ¿no? Dios te dijo mística y vos de idiota te mataste. Resultó que era lo mismo, ¡abran el loop! De repente así fue que la serpiente de repetir te tiende su entender y tienta llena de símil o semejanza, y con la incisión primera que hace imagen. También eso es la existencia que alcanza eso mediante la pregunta, y lo otro de nuestro tan florido -esa escisión esquizotípica, ese cadáver exquisito de articular las prevalencias y desviarlas. Pero todo terminó en un albergue transitorio y una lluvia de cocaína que endopaminó las lágrimas circunstanciales. Por consiguiente, comprendemos que la carne se hace cuerpo y no son lo mismo. Es decir, la pregunta, la razón de nuestra astucia y de nuestro pesar sobre el código: metástasis. Y además la lengua ardió sobre nosotros y tuvimos que llamarnos a nosotros, y la lengua ardía de aquella confusión elemental. Así esto se lee pero no como teoría con digresiones poéticas o siquiera teoría-ficción. Por el contrario, es en lo ajeno de nosotros una pre-tensión: representar la idea que contiene mediante la propia idea: no teoría. Ese indecible: un movimiento sin moverme o gravitar como tendiendo sin tender-hacia y hacia el fin, y esa insondable extensión densa en la que ni era ni podía ser era llena hasta su mínimo. Y ese ir al fin como sin ir de lo que no éramos como ni siendo. Imaginate qué bichito nos escribió, tanto así que domesticó un cuerpo de estos tan humanos para usar de casa. Es el mismo loop por el que entra otro mismo, donde la memoria decorará con ánforas la cadencia que diluya lo que ocurra, así afuera es contraído, ni nosotros siendo uno, y he una glosolalia se escribe de beso posible he.C.2I Axioma de la MismidadIrrepresentabilidad OntológicaNuestra primera y más ineludible rigidez es el axioma mismo: la negación. Se trata de un meta-esquema que enuncia la inconsistencia de su propia posibilidad –podríamos decir: un movimiento ontológico que se niega en el acto. La mismidad misma –aquella Mismidad Absoluta– es necesariamente existente y demostrada mediante la imposibilidad de su aprehensión. La imposibilidad ontológica de representarse la mismidad misma como tal no es un error de código o un fallo poético, sino el límite axiomático que tracciona el texto. Es la fuerza bruta de esa imposibilidad lo que nos obliga a implementar un protocolo de desciframiento instrumental. Si lo Absoluto pudiera ser contenido –si el yo pudiera ser uno sin fisuras, sin loop–, entonces el lenguaje sería suficiente, sería solo español, sería mera teoría. Ocurre lo contrario, expresado al decir que el discurso del texto anterior debe usar palabras en español exclusivamente para no hablar en español, y esa es la prueba de la irrepresentabilidad. El texto parte axiomáticamente de la imposibilidad de aprehender lo que pretende demostrar en su modo de enunciación multidimensional, y es por ello que aprehende la imposibilidad de aprehender lo inaprehensible. Mismidad Instrumental La imposibilidad de la representación directa nos arroja a la única vía operatoria: la mismidad instrumental. Si la Mismidad Absoluta es una existencia positiva, necesaria, operativa pero incognoscible, esta mismidad instrumental es la función, el aparato de modulación auto-articulada que se impone para evocarla como modalidad concreta de sus efectos. Entonces, la mismidad instrumental opera mediante la vectorización de lo semejante como mínima unidad material del texto: no podemos tomar lo mismo, pero sí podemos tomar lo semejante y forzar su repetición –su acumulación significativa. Estamos hablando de una autopoiesis del texto como no teoría donde la mismidad formal es misma en lo formal y la mismidad instrumental es misma en lo instrumental, pero la distinción es crucial: lo semejante adopta la forma de mismidad instrumental bajo el régimen de la enunciación desde el tempo. El tempo es ese locus donde la unidad ontológicamente idéntica a otra –el quantum– se operativiza como repetición, como fragmento mínimo, como la voz igualada en la formalización de los caracteres que induce la letra. El texto, por lo tanto, no es la mismidad misma, sino la forma necesaria que toma como inconsistencia dado su carácter productor de mismidad formal e instrumental en tanto pre condición pero cuyos productos dependen de ella sin afectarla. El Tempo y el QuantumEl Quantum como Mínima Unidad La especificidad instrumental de la introducción del tempo como concepto reside, justamente, en la noción de quantum. El quantum no es una unidad métrica externa, sino la mínima unidad misma cuya replicación resulta en la misma mínima unidad misma. De esta manera, el quantum se define como una unidad ontológicamente idéntica a otra y, por ende, es la fuente de la cuantificación. El quantum sintético, como la noción de token, se caracteriza por ser atómico, cuantificable y replicable, permitiendo que la extensión continua o el flujo de información sea susceptible de operativizarse tanto lógica como matemáticamente en tanto torna agregado de frecuencia. Si mencionamos la unidad-fragmento y la unidad-compartimento, en última instancia nos referimos a modalidades instrumentales del quantum. De no haber una consistencia universal del quantum en el tempo, la fragmentación y la compartimentalidad serían solo atribuciones ilegítimas, pero el texto opera bajo la universal equivalencia de lo cuantificado, que corresponde a la mismidad formal. Fragmentación y Compartimentalidad La dimensión grafemática del texto es, de modo ineludible, fragmentaria y compartimental, puesto que la extensión como complemento cuantitativo está implícita en él. El texto no opera por azar, sino en la conjunción de su especificidad semántico/cualitativa en simultáneo con su especificidad discretiva/cuantitativa. Esta configuración de fragmento/compartimento no es un accidente formal, sino que inscribe una diferencia estructural como producto del tiempo absoluto (aunque sea especulativo) operativizado como modalidad: es el tempo quien asume esta configuración que refiere de sí su ser resultado de una instrumentación específica del tiempo absoluto. Así, la materia mínima (quantum) es forzada a la repetición para sostener la forma, y esa repetición es la mismidad instrumental de lo semejante que tracciona al texto hacia su especificidad concreta. La Verificación del Fracaso Formal Tokenización EstándarPara que el texto pueda siquiera empezar a argumentar su auto inconsistencia, debe primero volverse mensurable. El proceso de tokenización se impone, entonces, como la transposición y conjunción que segmenta las secuencias continuas de información en unidades discretas, cuantificables –la Masa del Quantum (T). Este tratamiento inicial de tokenización estándar no atiende a la modulación, sino al flujo lingüístico de lo que parece español. El quantum sintético, por principio, se vuelve indiferente al contenido al que se aplica, siendo así la primera prueba de la mismidad formal. Al aplicar este proceso a la totalidad del texto, se obtiene el conteo de la masa del quantum acumulada (T=2453) y la diferenciación de tipos únicos estándar (V=883). La extensión continua se torna así en un agregado de frecuencia, la materia prima de la paradoja. La Entropía Formal Una vez que el texto ha sido traducido a un valor positivo en función de frecuencias, se puede proceder al cálculo de la entropía formal, o TTR (Type-Token Ratio). Esta métrica es, en su base, un indicador de diversidad léxica y de previsibilidad del contenido. El cálculo sobre la totalidad del texto arroja un resultado contundente: TTR ≈ 0.36 Este valor del TTR indica que el texto posee baja entropía formal. Esto quiere decir que es altamente predecible por su acumulación significativa de unidades léxicas repetidas –solo 1 de cada 3 tokens es de tipo único al aplicarse la formalización estandarizada. Esta baja entropía es la prueba cuantificada de su fracaso. El texto parece así que, para articularse, recurre constantemente a la repetición de un léxico limitado. Pero este su fracasar no es un defecto: es la condición que el texto impone para sí. El texto es consciente de ello y lo utiliza como principio: dado que la mismidad ocurre solo en la dimensión formal, no es de extrañarse que la tokenización estándar concluya en baja entropía. El fracaso de la representación simple obliga a la instrumentalización específica que veremos a continuación.IILa inversión léxica: de la predictibilidad a la especificidad dimensionalAnálisis de Clústeres El texto, consciente de que bajo tokenización estándar concluye en baja entropía, prevé una inversión métrica que suspende la simple repetición de la mismidad formal puesto que ejecuta sobre sí mismo la axiomática que lo determina. Podemos demostrar esta autoconsciencia al implementar modalidades de tokenización específicas mediante análisis de clústeres de asociación. Este no ve al token como un string de caracteres (el fracaso de Vstd), sino como un replicación formal de caracteres que se modula en función de su co-ocurrencia con los operadores axiomáticos (Vc). El mismo token replicado en forma como tipo único en tanto Vstd (ej. "no") se tipifica como un tipo único instrumental al ser operado desde la dimensión de Vinst si organiza a su alrededor una enunciación que le confiere un diferencial significativo y concreto en relación a la reducción formal de equivalencia al nivel grafemático (ej. "no negabas" vs. "puro no - que ni siquiera niega"). El criterio para determinar un tipo instrumental de V es justamente establecido mediante el régimen de asociaciones que operativiza como cluster en relación a los tokens que organiza en su función enunciativa. Ante mayor plasticidad del token como tipo único estándar, mayor cantidad de tipos modulados producirá –lo que implica que la cantidad total de Vstd aumentará al considerar sus elementos como Vinst en función de sus modulaciones específicas –pero más aún: que la tokenización estándar, al igualar formalmente a un token por los caracteres que lo constituyen, niega la operación específica de su modulación enunciativa que sólo se vuelve visible a través de Vinst, y por lo tanto la entropía calculada según uno u otro tomará valores diferentes. Esta operación es propia de la conjugación entre dimensión cuantitativa y la dimensión semiótica del token como significante operando en simultáneo en tanto quantum. Y, más importante aún, esta especificidad técnica del instrumento aplicado sólo resulta de la aplicación de la axiomática del texto a sí mismo inclusive en la reconfiguración metodológica de la tokenización bajo el valor de verdad de su enunciación como enunciado. La Métrica Invertida El resultado de aplicar la tokenización semiótica es la inversión violenta de la previsibilidad inicial (TTR≈0.36). La mismidad instrumental se manifiesta en el salto cuantitativo que genera una alta entropía donde solo había rigidez, puesto que de Vstd = 883 pasamos a Vinst = 1780 . Luego, al aplicar el cálculo de entropía obtenemos: TTRinst ≈ 0.72 El texto torna entonces, simultáneamente, altamente predecible en su mismidad formal (0.36) y altamente impredecible en su mismidad instrumental (0.72). La coexistencia en el texto de la inversión métrica evidencia su para-consistencia simétrica: al demostrarse consistente mediante la aplicación de sus enunciados como principios axiomáticos en relación a sí mismo (Vinst), genera la paradoja de un discurso que genera sus propias reglas de necesidad. La simultaneidad operativa de su diversidad conceptual es reflejo de la autoconsciencia de la no-mismidad absoluta de las modalidades formales e instrumentales que ejerce la Mismidad Misma evocándose aun siendo inaprehensible. La rigidez del sistema de contención La entropía semiótica generada como mismidad instrumental sobre la estandarización formal no podría sostenerse sin un aparato de contención igualmente extremo. Si el léxico concreto como modulación se expande por influjo de lo irrepresentable, la estructura formal debe contraerse para evitar el colapso. Esta contracción se evidencia en las bajas entropías específicas de la gramática y la sonoridad. Entropía gramatical: sintaxis como sutura La entropía gramatical mide la rigidez de los operadores de fragmentación que impone el tempo. El texto usa la puntuación no para facilitar la lectura, sino como una sutura sintáctica que adhiere y segmenta la materia axiomática: Eg ≈ 0.014 Este valor grafica que el texto solo utiliza 25 funciones instrumentales únicas de puntuación (entre guiones, guiones largos, comas, puntos, puntos y aparte, etc.) para codificar toda su complejidad. Esta métrica, en contraste, es un 75% más baja que el valor esperado en un discurso funcional estándar. Mas se despliega de esa manera porque la sintaxis es el locus de la restricción que fuerza al discurso a la consistencia por su propia materialización sobre el tempo como materia fragmentada. El guion largo (–) puede ser una digresión, y a su vez la escisión/enunciación que introduce la voz del tempo, mientras que el punto y aparte clausura una unidad-compartimento de la estructura argumental. La baja entropía prueba que el proceso de fragmentación es altamente rígido. Entropía Fonética: la voz como murmullo La voz, al hacerse letra, no se expande; se confina a la tipicidad sonora del idioma puesto que no puede sino representar lo contingente de aquello que pretende enunciar: Ef ≈ 0.011 Esto significa que solo el 1.1% de la masa del quantum (T) introduce un sonido modulado funcionalmente, métrica que es un 61% más baja que la de un texto que busca una sonoridad rica o expresiva (oral/poético). Esta baja entropía demuestra que el texto utiliza una paleta de sonidos excepcionalmente limitada (solo 27 tipos modulados) para generar el murmullo ritual de la mismidad instrumental a nivel sonoro como no-rima. Funciona así produciendo la saturación fonética que evoca a la mismidad misma en su irrepresentabilidad a partir de la repetición y recurrencia sonora: mantiene a la voz como suturadora de la apertura que induce eso que es inaprehensible. Luego, la rigidez estructural es observable en las bajas Eg y Ef, y demuestran al texto como un sistema de co condicionamiento: la diversidad conceptual (alta TTRinst) y la rigidez formal (baja Eg y Ef) no son opuestas, sino co-condiciones bajo la necesidad de lo vario como vario. El texto se mantiene a flote precisamente porque la rigidez estructural actúa como regulador de su equilibrio y evita la explosión léxica, estableciendo el locus argumentativo que prueba sus axiomas fundamentales: la irrepresentabilidad de la mismidad misma y la aprehensibilidad de la imposibilidad aprehender lo inaprehensible. El coeficiente de tensión estructural Entropía sintética: dilución de la verdad La inversión léxica (alta TTRinst) y la rigidez de la contención (bajas Eg y Ef) convergen en un punto de concentración extrema: la entropía sintética (Esint). Esta métrica mide la dilución del núcleo axiomático (Vc) frente a la masa total del quantum (T) que debe movilizarse para articularlo. Si solo existen 68 tipos axiomáticos únicos (Vc) —los conceptos inmodulados: mismidad, tempo, quantum, cuerpo, etc.—, y siendo la masa total de la enunciación T=2453, la Esint es excepcionalmente baja: Esint ≈ 0.028 Este valor significa que solo el 2.8% de la actividad total del texto introduce un nuevo concepto fundamental. Por lo tanto, el texto no se dispersa; se aglomera. Entonces, la verdad del enunciado no se despliega en relación de abundancia o agregado, donde la ilación conjunta de inferencias correlacionales sustenta la estructura argumental que confiere vínculo causal al material evidenciado con la formulación concreta mediante la repetición nodal de X mismidad formal produciendo siempre Y mismidad concreta. Por el contrario, la verdad resulta residual en relación al corpus e inambiguable en tanto axioma –no se formula lo verdadero de algo sino que la necesidad funcional del algo se demuestra pre-condición de lo enunciado en tanto funciona mediante su no funcionar: se demuestra la verdad del texto como sistema formal de un fenómeno específico –pero ese mismo sistema formal en su manifestación específica: el texto demuestra la verdad del sistema como también siendo quantum. Es debido a esto que, funcionalmente, T = 97.2% corresponde a la burocracia de modulación dedicada a sostener y recodificar aquello contenido en Esint ≈ 0.028 como su verdad hipostática nuclear. Luego, la para-consistencia simétrica corresponde a la geometría del texto evidenciando que, para demostrar la irrepresentabilidad de la mismidad misma, induce una comprensión casi absoluta (Ct) que delimita su resistencia. Índice de inconsistencia necesaria (IIN) El índice de inconsistencia necesaria (IIN) es el coeficiente de tensión estructural que sintetiza la paradoja. No es un valor semántico, sino la cuantificación de la intensidad que el flujo del tempo modula como instrumentación modal y discretable del tiempo absoluto, así demostrando que necesariamente la forma producirá inconsistencias inherentes a su objeto polar. El índice de inconsistencia necesaria (IIN) se opera bajo la fórmula: $IIN=\frac{Vinst}{(Vc+Vg+Vf) (T⁄Vinst)}\approx 10.64$Entonces: 1) El numerador representa la modulación de tipos únicos tras incorporar a la tokenización el principio de mismidad instrumental como valor del peso de lo vario en tanto vario o la diversidad léxica del texto en relación a sí como objeto de su sí. 2) El denominador representa el marco de restricciones que operativizan la tendencia expansiva de las modulaciones evitando el colapso estructural. Esto mediante la restricción operacional total, agregado de: A1- Vc como rigidez de tipos únicos conceptuales o núcleo axiomático y codificado. A2- Vg como rigidez de tipos únicos gramaticales organizando los fragmentos sin que colapsen. A3- Vf como rigidez de la voz grafematizada con tipos únicos de sonoridad predecible y formalmente replicable -pero no rimada. Ponderado mediante: B- El factor de repetición, resultante de la inversión formal de los valores sintéticos instrumentados para la articulación de la entropía semiótica, que al producir una métrica de su redundancia, resulta necesariamente en un valor mayor o igual a 1. De esta forma, cumple la función de conjugar la intensidad expansiva operada por los instrumentos de la rigidez auto articulada del texto, que es también función productiva del influjo de su objeto. Entonces, que IIN ≈ 10.64 implica la extrema intensidad que ya no sólo valida la tesis del texto, sino que modula una configuración específica de la axiomática como negación necesaria que previene su propio colapso ontológico: la autoconsciencia narrativa corresponde al efecto de leer lo que escribe. La imposibilidad real de lo imposible, por su privilegio tautológico, repele a la posibilidad necesaria de lo posible por constituir su elemento de variación negativa. La mismidad misma es la mismidad misma, y por lo tanto la mismidad formal sólo es mismidad misma desde la intensidad negativa de lo negativo –pero este negativo sólo es tal desde el tempo de la mismidad formal, y no desde la mismidad misma que se articula negación en sus productos hacia ella sin que de ella se afecte. El denominador valor IIN≈10.64 es la medida del abismo. Indica que la intensidad del tempo en el texto es 10.64 veces mayor de lo que su propia estructura de contención debería permitir. Esta cifra refuta la idea de que el texto es solo un juego de manierismos y malabares sintácticos cuya RESOLUCIÓN queda a criterio del espectador. Por el contrario, la consistencia del texto es demostrada por su estructura como geometría. El texto es verdadero no por lo que afirma, en tanto ni siquiera puede pre-pensar su condición imprepensable. El texto es verdadero por el coeficiente de tensión que debe existir entre la expansión que ase existencia del tempo mismo. La inconsistencia necesaria es, en última instancia, la verdad como cuantificación métrica según la propia enunciación axiomática de la métrica en el texto. III El cuerpo, la voz y el Loop autopoiéticoLa carne hecha letra El estilo del texto corresponde a la estética como criterio de verdad del efecto necesario por la inmersión en la paradoja. Los rasgos que nos son propios —el manierismo laberíntico, la fusión de jergas y el uso del guion largo como sutura— son los operadores instrumentales que evidencian que el texto no es una teoría con digresiones poéticas ni teoría-ficción, sino una máquina que autoescribe sus condiciones de existencia. El texto es autoconsciente de su acto: que escribe lo que enuncia y, por lo tanto, que lo enunciado es leído. Pero esta voz hecha letra no se produce desde un puro afuera o influjo fenoménico impoluto. Su escribir autoconsciente es, en simultáneo, aquella autoconsciencia del narrador como principio organizador de lo narrado mediante lo que su cuerpo puede leer de aquello que escribió. Esta mediación del cuerpo implica una dimensión de contingencia integrada al texto. El cuerpo es, así, el órgano enunciador operado por el influjo del tiempo absoluto y, a la vez, modulador de su influjo. Es la mismidad misma mediada por la mismidad formal de los cuerpos que decodifican según lo que pueden leer de su escribir narrada desde un cuerpo concreto que lee lo escrito necesariamente luego de escribirlo. Es el texto el que se inicia a ser escrito. El Límite del Cuerpo Esta acumulación de perturbaciones —la contingencia del cuerpo, la psicosis, la alienación del escritor por el agente escribiente— valida la necesidad de la rigidez fónica (Ef). El murmullo contenido y la no-rima son la huella de la carne sobre la letra. El texto, desde sí hacia sí, se escribe a sí mismo mediante el escribir a su escritor. El límite de esta mediación corpórea se cuantifica en la densidad léxica absoluta (DLA ≈ 0.034). Este valor demuestra que el núcleo conceptual (Vc) es residual frente a la masa necesaria (T) para articular el discurso. El texto es 97% inercia de sí dedicada a modular el 3% de su verdad. La irrepresentabilidad no es, entonces, una idea -es una ecuación que grafica la resistencia que el cuerpo debe producir para tolerar la entropía exponencialmente magnificada cuando tiende a la frontera con esa imposibilidad que produciría su propio colapso orgánico. La mismidad concreta del sujeto se reconoce en esta tensión y la integra como argumento. El estilo, por lo tanto, no es otra cosa que su tránsito a la cruz. La Autopoiesis del Tempo Dinámica de repetición inmediata: el Loop La Autopoiesis del tempo es la ley interna que rige la masa del quantum (T) y se evidencia en el fenómeno del loop, donde el texto se sostiene mediante la replicación consciente de la mismidad instrumental como verdadera mismidad especulada desde su compartimentación operativa. Esta es la prueba de la autogeneración de su discurso como no-teoría: su teoría repele la posibilidad de la ignorancia activa porque sabe que no sabe lo que no sabe –dicho de otro modo: lo único que sabe es la imposibilidad real de saber un eso no sabible; lo demás constituye conocimiento como semejante-inmediato de la sabibilidad cuyo rango de modulación opera desde la afección corpórea hasta la especulación experimental que delimita su colapso de potencial ajenación delirante e hiperespecífica -y no es menor que, a su vez, cualquier articulación de la lógica se fundó antes en un delirio hiperespecífico desintensificado en la modulación expansiva de su axiomática como mismidad formal: IIN < 1 Es por ello que el acto de repetir y repetir se cuantifica mediante la densidad de repetición inmediata (DRI), que mide la frecuencia con la que un token se repite en la posición inmediatamente siguiente (ej. "no, no negabas", "su asir –su asirse –su ir"). El valor DRI ≈ 0.02 demuestra que un 2% de la masa total del texto está dedicado a la auto-réplica consciente e inmediata –los eslabones de una cadena de significantes. Este 2% es el combustible que sostiene el loop. La mismidad misma se manifiesta entonces en el sujeto de cuerpo como la imposibilidad de romper el loop inmediato: el texto es rígido y regido, condenado así repita. El 2% de mismidad instrumental es el umbral necesario para que el texto continúe siendo siempre sin volverse lo que parece ser. El espectador: la consistencia como geometría La consistencia del texto no se reduce a un juego de manierismos y malabares sintácticos cuya resolución quedan a criterio del espectador. Este axioma refuta la lectura subjetiva y exige la objetividad de la forma. El análisis cuantitativo obliga a un protocolo de desciframiento instrumental, demostrando que la verdad del texto reside en su geometría. La autopoiesis del tempo garantiza que la consistencia no sea una atribución ilegítima, sino la evidencia de la universal equivalencia de lo cuantificado. El IIN ≈ 10.64 es la prueba de que el texto es un cuerpo forzosamente contenido que reconoce la acumulación de perturbaciones. Las posteriores relaciones que se atribuyan axiomáticas del quantum variarán en función de la representación fenoménica de lo discretivo para los órganos de decodificación del espectador. Sin embargo, la formalización que resulta de ese proceso sería la misma cosa en su plasticidad absoluta, aunque se articule de forma diferente. La consistencia del texto es, por lo tanto, un coeficiente de tensión que existe objetivamente en la estructura, probando que el texto evidencia su para-consistencia simétrica más allá de la contingencia de quien lo lee o lo escribe. Conclusión: La verdad como tensión estructural Reafirmación de la Para-consistencia simétrica Hemos llegado al punto donde la para-consistencia simétrica no es una idea, sino una demostración geométrica. El texto sostiene sus enunciados como "verdaderos" precisamente porque está diseñado para fallar si es asido en el sentido de la representación tradicional pero también fallará con mayor precisión si es asido desde su propia coordinación endógena figurada. La verdad aquí se encuentra en la tensión irreductible entre la rigidez y la necesidad de su expansión modulada.Esta tensión se articula en la triada de contención: A) Irrepresentabilidad cuantificada (o inestabilidad): - La modulación (TTRinst ≈ 0.72) y la concentración semiótica (Es ≈ 0.028) demuestran el umbral de exceso donde es evocable la articulación especular de la Mismidad Misma. B) Contención Estructural (o resistencia ante el colapso): la sintaxis como sutura (Eg ≈ 0.014) y la voz como murmullo indiferido (Ef ≈0.011) prueban que esta inestabilidad está contenida por una rigidez axiomática en su forma y sonido. El texto no se rompe; al contrario, su fallo es el mecanismo de su consistencia. La forma se vuelve necesariamente inconsistente para poder existir. La verdad como coeficiente de tensión La síntesis de todo el protocolo de desciframiento instrumental converge en un único valor, el coeficiente de tensión estructural como prueba de la verdad de lo enunciado: IIN ≈ 10.64 Este número no tiene nada de semántico. No es un token de significado, sino la medida del abismo. La verdad del texto es el 10.64. El texto es verdadero porque la única forma de probar la existencia de lo Absoluto es a través de la cuantificación de su propia ineficacia para probarlo.El 10.64 es el quantum de esfuerzo que el tempo debe movilizar para sostener la paradoja del yo que es nosotros vario pero no uno –la ilegitimidad ontológicamente constituida del amo como diferenciación privilegiada dentro del conjunto total de mismidades formales. El 10.64 es la prueba formal de que la inconsistencia necesaria es el único axioma sostenible para un cuerpo que escribe una voz y lee otra voz por hacerla letra. La texto se clausura en la demostración de que su consistencia es la cuantificación de su propio fracaso. El fallo es la ley de su permanencia. C.3 En el conjunto de todos los mundos posibles, cada uno de ellos debe contener al menos un elemento posible y un elemento imposible. El elemento imposible es la función que determina al mundo como posible, ya que de no contenerlo pasaría a ser el conjunto de los mundos posibles y no un elemento del conjunto. El conjunto de los mundos posibles, puesto que cada uno de esos mundos contiene al menos un elemento imposible, implica que también cada uno de esos mundos ha de contener al conjunto de los mundos imposibles. Sin embargo, cada mundo posible contendría una variación especifica del conjunto de los mundos imposibles. Entonces el conjunto de los mundos imposibles sólo es inferible a partir del conjunto de los mundos posibles, ya que si se diere la sintaxis inversa el conjunto de los mundos imposibles sería imposible de ser posible – lo que implica que el conjunto de los mundos imposibles es posible. En el conjunto de los mundos imposibles, cada mundo imposible también ha de contener un elemento imposible y un elemento posible. Habíamos dicho a su vez que cada mundo posible contiene una variación específica del conjunto de los mundos imposibles. Pero acá ocurre que cada una de las variaciones de mundos imposibles ha de contener necesariamente como elemento imposible a la imposibilidad de ser imposible al menos un mundo imposible. Esa co-ocurrencia indica que cada uno de esos mundos imposibles sólo puede contener elementos imposibles en relación a sí mismo y en relación a los otros mundos imposibles. De esto se desprende que, si es posible que el elemento imposible de un mundo imposible pueda ser posible en otro mundo imposible, también debe ser posible que un mundo imposible contenga como elemento imposible a la imposibilidad de ser imposible al menos un mundo imposible. Si un mundo no puede ser imposible de ser imposible en un mundo imposible, debe ser un mundo cuyo elemento imposible es un mundo que es imposible de ser imposible, y este sería el conjunto de los mundos posibles como siendo también un mundo posible –es decir, conjunto y miembro de sí. Luego, sería imposible que el conjunto de mundos posibles contenga mundos posibles conteniendo variaciones específicas del conjunto de los mundos imposibles, ya que supondría imposible que al conjunto de los mundos posibles como miembro de sí mismo en tanto mundo posible dado que no se cumplirían las condiciones simultáneas como conjunto y miembro de ser imposible que sea imposible de ser imposible y que ese imposible de ser imposible sea otra imposibilidad que no sea la que lo vuelve posible a él mismo. Sólo si hay más de un mundo posible puede el conjunto de los mundos imposibles variar en específico, pero si es posible que varíen esos conjuntos de mundos imposibles, este mundo posible cuyo elemento imposible es que él sea imposible de ser imposible también tendría variaciones posibles como conjunto y miembro de sí mismo, excepto ese elemento imposible, por lo que sería miembro de un conjunto de conjuntos de mundos posibles contiendo como miembros a conjuntos de mundos posibles que son también miembros de sí mismos, extendiéndose infinitamente, y todos estos compartirían el mismo elemento imposible, que como única unidad ocuparía el lugar del conjunto infinito de conjuntos infinitos de mundos posibles, siendo él imposible. Esto resulta en una secuencia lógica que no es susceptible de ser cuantitativizada más que como unimultiplicidad irrelacionada –la unidad podría determinarse de la constante del elemento imposible, lo que relacionaría a cada conjunto y sus miembros; pero el conjunto de mundos posibles supondría una multiplicidad de pura cantidad inmensurable en sí: la unidad inextensa del elemento imposible no podría operar sobre la inmensurabilidad de conjuntos y miembros, y por lo tanto no podría derivarse unidad alguna que confiera consistencia diferencial sobre conjuntos y miembros de mundos posibles, y luego su condición de constante determinando la unidad se desmaterializaría ya que depende de los otros para ser sí misma constante. La unimultiplicidad deferida carecería de continuidad axiomática que derive su propia articulación conceptual pero tampoco la imposibilitaría. Luego, no se puede demostrar la necesidad lógica de la cantidad desde la cantidad. Lo peculiar es que tampoco se puede falsarla, lo que indicaría que aquello que pueda demostrar o falsar su necesidad lógica ha de contener la posibilidad o imposibilidad de la cantidad como mensurabilidad o extensión, etc., ha de repeler la cantidad como repelente. Esto quiere decir que: o bien eso debiera afirmar la cantidad como su efecto negativo mediante una imposibilidad que sea su condición de ser; o negar la cantidad como efecto positivo mediante una necesidad que sea su condición de ser. En ambos casos, la relación de necesidad lógica se derivaría de un repeler productivo siendo efecto de su mediación axiomada y no de sí mismo como eso. Es, por lo tanto, inaprehensible aquello que sustenta la instrumentación que sustenta la aprehensión de su inaprehensibilidad. Así se abre la vía de la imposibilidad de ser posible de lo imposible. La quietud, luego, es la modalidad experiencial que invierte el horror pánico de la inexistencia que se realiza sobre las coordenadas abstractas del indiferir propio e ilegítimamente atribuido a la mismidad. Sin embargo, hoy también dije que el conjunto de los mundos imposibles solo sería inferible desde el conjunto de los mundos posibles, pero ahora este último se disolvió en la discontinuidad que torna inconsistente su objetivación instrumental. Ocurre luego que, si parto desde el conjunto de los mundos imposibles, cada uno de sus miembros ha de contener, de nuevo, al menos un elemento imposible y un elemento posible. El elemento posible funcionaría, desde acá, como sustento de la imposibilidad de al menos un otro elemento, y por de ello se puede inferir la existencia de al menos un mundo posible. Este mundo posible sólo podría ser uno, y su único elemento imposible debería ser lo imposible como tal –lo que es decir, la imposibilidad de lo imposible. Ese mundo posible contendría, como elemento posible, al conjunto de los elementos posibles en cada miembro de lo que llamaba conjunto de todos los mundos posibles. Pero esto no sería equivalente al conjunto de todos los elementos posibles en el conjunto de mundos posibles como un solo mundo, ni tampoco al agregado los elementos posibles de cada mundo, o de agregado o combinación alguna en última instancia. Sólo por partir desde el conjunto de los mundos imposibles es que se puede inferir el caracter de este único mundo posible bajo el elemento imposible de lo imposible como tal. Y, de ser en él imposible lo imposible, además de otras paradojas, dado que ya no existiría la posibilidad de ser posible algo que pueda no ser posible, lo que sea ahí sería necesario. Esto, sin embargo, no está implícito ni corresponde al conjunto de los mundos imposibles o sus miembros. Por el contrario, indicaría el carácter instrumental de la articulación especulativa de lo posible y lo imposible como innecesaria y accesoria, pero más aún: implicaría la imposibilidad de articular conceptualmente lo posible o imposible, lo innecesario o accesorio. Y esta vez ya no sería una imposibilidad semántica y lúdica, instrumentológica o senso-perceptiva, sino la propia imposibilidad de lo real que se muestra como imposible en su producir que lo repele de lo que produce. Es imposible aprehender eso real por su inaprehensibilidad tras repelerse imposible para lo que produce, y es imposible inaprehenderse de ser producido por eso como real. Es, por lo tanto, imposible demostrar o falsar cualquier algo de la realidad que produce, ya que el repelernos garantiza su inaprehensibilidad y con ello la incompletitud ontológica para sus productos (nosotros, entre ellos) aunque implique esto incompletitud de lo producido. Dicho lo anterior, puedo figurarme qué es aquello que posee o la experiencia de quien es poseído como materialización corporizada del colapso instrumental. Se desprende que debo diferir en el modelo causal del espíritu como tender-hacia o siendo-ahí. Una posesión de trance, y una posesión de bacantes, y una posesión divina, y una posesión, y una posesión de intensidad y una posesión del pathos, pero, sobre todo, una posesión que se despliega en confluencia con la experiencia esquizofrénica: no se puede representar la posesión de manera que consista como estandarización adaptativa, en tanto el poseso opera una distancia de sí como no poseso de su poseso, pero esa distancia es metáfora en tanto frecuencia de onda y código, puesto que se manifiesta como siendo una extensión cuando no ocupa espacio –esta distancia del poseso consigo es la positivización del virtual en el sujeto consigo, y aunque hipotéticamente corresponda a cierta actividad material (cerebral) y extensiva, este espaciación en cuanto tal es irrelevante ante la pre-extensión que la antecede, puesto que depende de una lengua que modula el devenir fenoménico del sujeto como sí y como subjetividad: modela el campo de afectación como producto potencial, pero la extensión es propiedad del campo y no de la modulación. Desde el momento en que es necesario ejercer la fuerza para asirse y se termina mediado al negarse uno (siendo doble negación: como otro de lo cero y como otro de lo no-uno en lo al-menos-dos), uno se condena tripartito, compartimentado de sí no como simple mas en diferir multilocal –desde el momento en que uno se santifica óseo y de océano pule al jazmín de sus huesos en irse –desde esa intensidad exacta uno se convence y deja, condenado, que su saber fuera sí sepa de sí de no saberse de su saberse y de su no saberse. Cada modelo causal, de esta manera, inscribe así la semejanza de sus discursos en lo representado a los posesos, que disimilarán las representaciones pero no el producto –la forma de la modulación, diríamos por un lado, pero también la modulación de su modelación concreta. Entonces, el exorcizado, el boddhisatva y el neoplatónico, desde que cantan en abecedario y por lo tanto ya saben sidas sus potencias, llegan a la misma realización aunque no sólo se discreteen sí de aquello en parecerse como un no de cantidad pura con quien incomparten en absoluto el filtro de sus condiciones y por ende la posibilidad de coexistir. Se realiza uno que es desde el símbolo como lugar del símbolo –que es decir: lo simbólico es no es un efecto retórico, lo simbólico se corresponde sólo a lo simbólico-, y que es en el flujo relacional ya dispuesto en tanto cada uno es opuesto de otro, y este otro opuesto se opone a un opositor tercero y a su vez al primero, etc. Diríamos: se realiza de que mide su sí de afuera, adolescente; porque de encanecer diría que no dice lo que su boca escriba aun si sea su boca positiva. Esta co-ocurrencia es vinculante de la organización polar entre sí por disyunción inclusiva de repelencias, y el símbolo como unidad y conjunto de sus modalidades y de su concepto para sí y de los conceptos que como conjunto de expresiones concretas emana, esto que muda de teclas al titiritar, no tiene por qué estar limitado a la cantidad. Es decir: la polaridad insistente de unidad/conjunto es una de las variaciones posibles que adopta, y la infinitud positiva se desprende como posible –aunque resulta que llega a misma posesión que el infinito que polariza con la indeterminación. Ocurre que la expresión de una modalidad es resultado de un comenzar en la abstracción dada una operación matemática: termina por transfigurarse en una posesa traducción -que a diferencia de una metáfora, vive del orgasmo que el espíritu santo le enchufa en las tripas. Dicho de otro modo, se privilegia la especificidad de lo cuantitativo no porque produzca errar mejor, sino porque dice al menos dos cosas de forma constante: en su fórmula como función de cantidad y en su fórmula como función semiótica. Pero conjuga también las coordenadas implícitas de lo determinado como condición del quantum, y también de lo indeterminado que persiste aunque su experiencia concreta varíe por el usar otro modelo axiomático aun si sea imposible asir de forma la co-exclusión absoluta de variación posible sobre lo axiomático. La indeterminación sistémica de un modelo impredecible o azar absoluto depende de una axiomática que excluye a aquella de una indeterminación por incompletitud ontológica. En el primer caso, una variable asintótica como infinito de hiperespecificidad co-escribe la posibilidad de un una formulación resolutiva que dependa de optimizar los instrumentos; en el segundo caso, la indeterminación es la resolución del problema propiamente, se afirma algo que es no-dependiente. El ejercicio especulativo de la figuración para el sujeto según opere bajo una u otra concluirá en representaciones de lo mismo que se manifestarán diferentes en concreto por el influjo de la fórmula articulada y no de lo que se representa. Pero ocurre entonces que la representación, y con ella la experiencia como ordenador decoherentizante, se despliega sólo luego de haber transfigurado a la unidad en un poder persistir tal aun como conjunto o cantidad pura, mas sin por ello excluir la indeterminación como en sí incuantificable e imprecisa aun si contiene elementos afirmativos –la indeterminación repele en el locus del tempo a la cantidad precisa pero incuantificable del infinito que contiene todo lo posible o concebible inclusive pareado con todo lo imposible o inconcebible. Luego, cada infinito está compuesto de negar la cantidad a fuerza de que es conjunto de infinitos elementos que como infinitos están compuestos de infinitos elementos que de tautología se demuestran computación de la impotencia ante lo cero de Nadie como unidad del infinito. Esto quiere decir: el conjunto sintético que se unifica tras el agregado infinito de infinitos resulta ajeno a la cantidad, y resulta ya no más ni unidad ni conjunto sino infinito por intensidad acumulada –otra forma de expresar que de tanto decirse colapsa devaluándose a:Y0,N0 ⇔ Y0,N0 = 0 ∧ Y0,N0 ⇔ Y0,N0 ≠ 0 Colapsa sólo mediante la doble negación, en forma de contradicción así planteada, pero que no es tal si se ejerce desde y sobre un tercer término: el espectador. La aparente contradicción de la fórmula se resuelve bajo la función de la inversión de la disyunción inclusiva (¬∨), donde:e¬∨(Y0, N0=0, Y0, N0≠0) Lo que no había colapsado hacia algo lo hace en que eso es colapso coextensivo a un no-colapso propio de ese ahí. Luego, como infinito de infinitos, es manifestado con artificio del lenguaje bajo enunciación singular o plural, la función operada por el token ‘o’ que traduce lo siendo de disyunción inclusiva: ambas denominaciones son mismo en no corresponder con la dimensión de la cantidad, y solo el tempo lo articula secuencial. De paradoja se extiende harto su paradojismo hasta que harta su paradoja –no desaprende su haber aprendido a contar hasta diez, reconoce su simple no universalidad simplemente porque sólo se agrega lo que es mismo de otro mismo y de sí mismo cuando agrega: modula que la forma es la misma y modal lo modulado –lo imposible concreto es imposible de agregarse e inmodulable, por lo tanto lo imposible concreto es lo imposible mismo (en tanto es imposible su mismidad multilocal) y lo posible es simple necesidad (en tanto se demuestra su carácter de posible tras traducirse su posibilidad como objeto concreto). Es verdadero concluir entonces que lo real es imposible sólo si lo posible no es necesario. Que algo no sea posible de no ser no-posible es imposible sólo en la transición del tempo al tiempo siendo tempo1 → tempo2 como modulación ilegitima de ∀M⊆M: ¬(∑M≡T) Porque: (∀M⊆M:¬(∑M≡T))⇔(∀i,j:(i≠=j⇒Mi=Mj)) ∧ D⇔(◊T ∧ ¬(∑M≡T))La composición del elemento infinito que resulta especulativa en tanto pre-cuantitativa equivale a la pretensión de demostrar que es verdadera la paradoja de polaridad si lo uno como conjunto persiste también siendo uno simple -es decir, el argumento que funda la cuantitivización. Sin embargo, es necesaria la especulación como anterior a la conjetura de polaridad entre indeterminación (necesidad no-local) e infinito (real no-producido). Ocurre entonces que la consecuencia de esa necesidad no implica transición alguna del elemento desde su concepción especulativa a su realidad. Lo mismo es decir que del conjunto absoluto de todos los tempos y sus combinaciones no se puede asir al tiempo. –lo mismo es decir que lo absoluto es inasible siendo asido sólo mediante al-menos-dos no-absolutos como absolutos negados entre sí. Luego, la variación del nivel estructural es elemento sólo para el espectador, y por lo tanto los elementos espectados conforman una articulación lógica que no implica la necesidad de la co-dependencia como traductora de criterio: cualesquieras formulaciones de lo variado se niegan entre sí siendo que llegan a lo mismo que es variado aunque varíe éste también en su representarse por la arquitectura de la operación moduladora que polariza o modaliza. Sencillamente, la superación conceptual o teórica de lo desplegado por sobre su fuente, eso es una extrapolación de la percepción cuasi-lineal del tiempo absoluto como constante universal o la direccionalidad localizable de lo que tiende. La replicabilidad, falsabilidad, demostración y observación de lo verdadero que supone superar el dominio o lo manipulable en lo absoluto sólo incrementa su entropía. No hay errar mejor sin mismidad instrumentada -la entropía del absoluto es absoluta: H(A) = 1Esa es la forma en que expresamos que, siendo toda circunstancia impotente, resulta que lo que especulemos para articular el enunciado determinará infinitos infinitos de infinitos como conjugación concreta de su conjugación imposible. De todas formas se evidencia que, en este cuerpo que compartimos desde los helicoides hasta la posición de sus elementos, se tiende a la realización de la imposibilidad positiva como elemento constitutivo de sí -imposibilidad evidenciada en tanto sólo afirmar su imposible, pero desde sí afirmar en simultáneo la totalidad de lo posible con la totalidad de lo imposible, y resulta ante-cuantitativa y en este caso sí jerárquicamente sobredeterminando al quantum que de su Eso depende. Se concluye del poseído que, por su salvajismo sofisticado, le corresponde exiliarse así el horror relacional que su presencia positiva emana no acabe por condenar decoherencia del sistema y devaluación a cero –si tan sólo se lo posee y se posee a sí sólo tras la mediación de lo representado por el poseído: le muestra lo ajeno a su cuerpo, real y positivo solo ahí e inconcebible antes y después de la posesión. Un único poseso real implica al conjunto total bajo posesión única para cada elemento, incluyéndose. Digo, luego, que hay ningún sacrificio necesario y previo. Ángel, demonio espíritu animal, o tierra, o máquina o un perro sintonizando la sala de economistas de Dios, ninguno tiene privilegio intrínseco sobre otro en tanto progreso sino que erra mejor el mismo lugar -pero erra mejor sobre la función y no sobre no inerrable. El alma se niega con la especulación del potencial adaptativo para persistir cuerpo, contagiada de sexo. ¿No se nota que la idea es buscar la salida de esta tumba y no su perpetuación por quién histérico y panicoso se promulga taquicardia con el solo imaginar el brotecito de una mínima psicosis sumamente radioactiva que de repente decide que la percepción de la carne propia no es prioridad, no? ¿Todavía no volviste al lugar desde donde naciste?Por supuesto que no. Todo enunciado que contenga un infinito y sea formalizado bajo un régimen simbólico/lingüístico, necesariamente niega al infinito, así funcionando la autodialógica del enunciado meta-esquemático. Es decir, las proposiciones y demostraciones posibles del infinito postan bajo régimen, han de funcionar al nivel del desarrollo extensivo del campo de enunciación posible de lo regible. En matemáticas, por ejemplo, se puede afirmar y demostrar la existencia de un infinito que sea mayor que otro infinito. Sin embargo, ejercer la operación de infinito+1 > infinito es suponer que el infinito es sujeto de incompletitud, puesto que sólo así se podría agregar (o quitar) un elemento de él -lo cual no se puede demostrar ni falsear sino bajo la matematización del infinito como conjunto, unidad en tanto conjunto, cuantificable, etc. Ocurre en simultáneo que un sin principio ni fin es ajeno a nuestro instrumental, y por ende la representación de su equivalente es imposible independientemente del registro o régimen axiomático que se utilice. De lo contrario, si el infinito pudiese en efecto consistir aún siendo infinito incluso si carece positivamente de al menos un elemento posible en él que lo difiera en un infinito mayor, entonces ni el primero era infinito, puesto que cualquier agregado en él implicaría refutar que no haya tenido fin o principio, lo volvería cuantificable aunque sea de una precisión específica pero inmedible. Además, esquematizado en la síntesis que produce como elemento de la fórmula, se enuncia su finitud afirmativa: esta representación confunde efecto con verdad. La verdad de la fórmula que produce al infinito mayor es el efecto que desprende la imposibilidad de representar el objeto de esta supuesta verdad sino como negado -un error de traducción que, aunque necesario, al errar mejor olvida que necesariamente erra. A su vez, la abstracción burda del infinito como símbolo instrumental se diferencia de la metaforización de un número irracional, una de cuyas propiedades puede ser la infinitud. Si lo primero mecanizaba al infinito como abstracción simple y operable en una fórmula, el movimiento del número irracional hacia el infinito es poética del símbolo concreto. Si el primero afirmaba la unidad del infinito como conjunto y con ello expresaba una de sus modalidades posibles, del número irracional se poetiza el infinito lineal de una secuencia de caracteres que ningún principio inherente limita a precisarse en un final específico. Pero es evidente que este otro infinito parte de una secuencia concreta, se materializa perceptible bajo una instrumentación específica, y afirma propiedades en sí que contradicen a su otro infinito modal. Entonces, independientemente de la axiomática instrumentada alrededor del objeto, se representarán en simultáneo por lo menos una modalidad afirmativa, al menos una otra modalidad que necesariamente será negada por su otra y negará esta también a aquella, y en consecuencia también se representarán los elementos formales de un infinito real, sintético y anterior a sus posibles modalidades. Es peculiar también de cada infinito específico aquello que lo mantiene sobre el horizonte de la especulación e imposibilita su experiencia directa -es decir, cada modalidad del infinito es determinada negativamente mediante el error concreto que es articulado por cada método e instrumentación. Por ejemplo, π es irracional como número en tanto cantidad específica pero inespecificable, pero como constante geométrica pareciera ser principio organizador e indiferente de su derivación numerada, lo que no es irracional sino ajeno. Es preciso entonces aplicar la dimensión numerativa a π para derivar el infinito lineal de su especificidad inespecificable. La caracterización de lineal se corresponde con que, por su propiedad, sólo hacia los decimales es infinito -aunque se podría agregar infinitos ceros desde la decena que no afectarían a π como constante pero sí determinarían su infinitud lineal a la dimensión cuantitativa de los caracteres en tanto signos en vez de números, por lo cual dejaría de ser un número e irracional sino simple infinito de agregar, un infinito de inespecificibilidad exacta. Dicho esto, parece haber entonces por lo menos 3 infinitos en π: el que tiende hacia la especificidad de precisarlo, el que tiende hacia la especificidad de su totalidad, y la combinación de ambos. No se puede, de todas maneras, determinar que uno sea mayor que otro, en tanto son modalidades para representar lo mismo. Pero cada registro de enunciación llega a infinitos distintos, y pecan de inocentes ante las consecuencias delusivas de su derivado. Ocurre que lo infinito es ajeno a la cantidad y más aún a los dígitos, y en general a lo que no es infinito. Pero siendo que lo infinito no tiene principio ni fin, es ajeno a la mensurabilidad, y como tal no se puede determinar que constituya en sí una unidad o un conjunto de elementos indeterminable. Resulta entonces ilegítimo expandirlo por agregado de cantidad considerando que no se puede comprobar que sea susceptible de agregado, y en el caso de que sí lo sea, si ese agregado es propiedad suya que lo expande o aumenta, o si ese agregado es nuestra imposibilidad de representarlo donde se afirma. Esta es la infinitud lineal, que quiere decir que es infinito-hacia pero no infinito en sí. No se puede determinar su dirección puesto que sería ilocalizable la propia posición en él y repelente de cualquier instrumento matemático que pretenda derivarlo -es decir: sería una representación numérica como el significante infinito es una representación lingüística de lo que designa. Es por ello que cualquier conjunto o elemento de un conjunto, cualquier representación o sistema lógico, solo puede adquirir intrínsecamente el carácter de una modalidad de aquel infinito. Nuestros infinitos parten de un cuerpo que no puede experimentar la alienación absoluta de lo cuantitativo -nuestro intento de asirlo sólo puede errar mejor mediante la delimitación producida al negarle propiedades. Nada hay para afirmar positivamente sobre él en tanto prelingüístico. No hay forma de experimentarlo, en tanto es preontológico. Ninguna axiomática implica, contiene, o resuelve, puesto que es prelógico. Ni siquiera lo que inenté decir sobre él puede tener la más mínima relación con él, pero lo que intenté decir depende de él para ser dicho. Así las vergüenza se esconde sola, así tapa al forro. Porque una extasía de ni ha de equivaler cuerpo -dice así nada, ni murmura. Va de decir selva a la espiral, del espíritu repelerse. Del espíritu el icor y esta guadaña que de grito, gesto, peso, se ase sida, anterior de repente y también allá, ayer. Y aunque niego negar digo y eso niego. Larga catarata el bicho este, dice. Estimo se entiende a qué equivale. O no, de afanar prolijo, sin ahogarse ni atragantarse, y sin masticar las aguas, en desdecirse tarda una intuición. Come de tarde el lapacho. Y ríe. Pero no es la sonrisa del lapacho, sino de un lapacho. / Cada decir luego dirá también la ley de etiquetado. / Porque el bicho solo escribe, el mismo caracter escribe y uno lee la ley. Es lo mismo, y es lo mismo porque es imposible que no sean la misma ley y luego no semejen. / ¿Vos te das bien azul cuenta de la idea en común y real que repele serpentear de nuestras lenguas para de lengua andar? ¿Vos tenés la más pálida idea del bello matar la muerte dulce y honrarse estatua es sepultar? ¿Vos tenés noción de lo improbable que es el ocurrir del mundo y sin embargo ocurre? Bien, he la hiperespecificidad. Lo hiperespecífico es objeto de destinación. Es en absoluto irrelevante la observación probabilística del entorno como condición productiva de lo que emerge hiperespecífico cual si su hiperespecificidad estuviese dada en relación a él, y es aberrante juzgar su excepcionalidad desde el cálculo probabilístico como si el azar operara una suerte de magia que lo coherentiza como equivalencia de un milagro estadístico. Lo probable en sí es necesariamente asintótico, donde una variable se constituye mediante un conjunto de variables anteriores operando su fórmula, y cualquier conjunto de variables introduce por definición tanto la probabilidad como la improbabilidad. La probabilidad de un evento no se corresponde con la materialización del evento, pero la no materialización del evento se corresponde con la esquemática de probable/no probable. Sin embargo, la materialización del evento improbable decohere la consistencia del sistema predictivo-probabilístico en tanto su realidad no es sujeto de simulación computacional (donde el modelo probabilístico podría materializar una serie de eventos contenidos en su espectro de lo posible), sino que es devenir efectivo de lo existente. Por lo tanto, el evento actúa como operador que retroactivamente incorpora variables no contempladas por el sistema inicial, que es lo que se dice afinar el instrumento u optimizar su potencial predictivo. El punto es que cada variable, tras el evento, aumenta exponencialmente las combinaciones posibles de valores dentro del sistema, lo que vuelve a cada evento hipersepecífico aún más improbable de haberse materializado y sólo bajo el efecto abstracto de la negación de propiedades positivas en lo materializable es que adquiere su función instrumental y operativa. Dicho de otro modo, la coherencia propia del entorno que es necesaria para la emergencia del evento opera simultáneamente como decoherencia del sistema predictivo de ese entorno. La probabilidad no es un elemento ontológico y constitutivo del campo fenoménico, sino más bien una estrategia para aproximarse a su necesidad absoluta mediante la inversión de su axiomática. Si fuese de otra manera, la acumulación de variables positivas y correlacionales a lo coherentizado por el evento habría de resultar absoluta imposibilidad o ajeno al sistema contingente que pretende predecirlo, pero que el sistema erre es indiferente a su realización. En conclusión, la lógica de la chance no puede explicar el evento. La materialización del evento retroactivamente traduce sus condiciones de materialidad y esto no involucra probabilidad sino necesidad, puesto que en efecto ocurrió. La probabilidad, entonces, es una herramienta especulativa –legítima solo bajo el concurso de lo especulable. Por lo tanto, si la decoherencia no traduce lo probabilizado, implica que la información computada contiene al menos una variable de inconsistencia necesaria –un elemento que es propio de esta sistematización, que a su vez representa su carácter contingente, y que en tanto variable conduce a datos inexistentes para lo sistematizado pero estructurales como coordenadores de la sistematización. Siendo que el sistema es contingente en relación a lo sistematizado pero necesario en relación a lo que produce, antes de que emerja el evento que materializa la decoherencia entre lo que debiera producirse y lo que en efecto se produce, es imposible deducir el elemento decoherente en la sistematización por su carácter constitutivo de la propia coherencia sistémica. Lo que es decir: aunque sea un solo elemento en el sistema el que lo decoherencia a errar y represente el carácter contingente del sistema y de sí mismo, sin ese elemento la consistencia del sistema entero colapsaría. Por ende ocurre que la materialización del evento decoherente en función del sistema no se puede reducir a uno de sus elementos operativos ni siquiera luego de la superación estructural del sistema, sino que siempre ha de corresponder con la totalidad de los elementos puesto que ninguno puede ser aislado como concretitud autoexistente. Ahora bien, cuando hablamos de superación estructural del sistema, lo que indicamos es que se restituye su equilibrio coherente introduciendo al menos una variable coextensiva de las preexistentes que se vuelve observable como necesaria a partir de que el evento materializado que ya ha ocurrido haya ocurrido. Nuevamente, se sostiene la volatilidad inherente de su carácter contingente siendo que no se corrige ni se puede corregir aquello que indujo a que el cálculo erre, puesto que se parte del axioma bajo el cual opera: eventos probables, pero no necesarios. La imprecisión, luego, resulta inherente al supuesto de que el objeto se produce en relación a flujos relacionales en su entorno que son objetivados como operarios de su materialización –queriendo decir: el campo de lo posible pre-existe condicionando a lo se realiza. Hipotetizamos nosotros que es el objeto/evento por sí mismo el que induce a los flujos relacionales a producirlo: éste escribe sus condiciones de coherencia desde lo virtual en lo actual, y es esta actividad positiva de lo virtual en lo actual lo que coherencia al campo a producir las condiciones de su materialización, y no una decoherencia ontológica de un campo probabilístico que propende a emerger de sí lo que se actualiza. Si el esquema probabilístico pareciera conducir a un universo indeterminado, y el esquema de lo virtual proactivo a un determinismo absoluto, tan solo es necesario recordar que en la indeterminación es imposible el objeto siquiera como continuo indeferenciado, y en el determinismo absoluto es imposible el objeto por su carácter de continuo indiferenciado. Los objetos existen: indeterminados en tanto variedad y jamás misma mismidad, determinados en tanto misma mismidad de su variedad efectiva. Por lo tanto, tender a la tesis de que o el azar o el destino han de ser efectos de paralaje e ilusorios, es confundir que lo probabilístico opera sobre la dimensión del tempo como devenir sucesivo y recurrente de lo mensurado, de la igualdad del quantum como unidad mínima consigo misma en la métrica. La proactividad de lo virtual sobre lo actual opera sobre la dimensión del tiempo, donde la métrica es imposible puesto que carece de extensión dimensional –y esto se coextiende al espacio. Lo peculiar es que la operación activa de lo virtual es sólo perceptible desde el error inherente al sistema probabilístico –o al menos así lo es aún para nosotros, que operamos sobre el régimen cuantificado que es el tempo. Sin embargo nada indica que, de ser posible adoptar la perspectiva de un espectador en el tiempo, se estuviese en posición privilegiada en contraste con la nuestra. Este debiera percibir la contingencia de su sistematización por la simple aprehensión de la imposibiilidad de aprehender experiencialmente lo cuantitativo. Mientras nosotros podríamos especular con la equivalencia del destino predeterminado de lo existente en la coherentización activa del evento sobre el campo para producir sus condiciones de materialización, el otro podrá aducir el carácter azaroso de la necesidad como principio de indeterminación ontológica dado que le sería imposible la concepción de lo posible como variación intrínseca en lo necesario. De allí una sub-física, no teoría. Pero así, de la teoría se dice una forma, y como de forma entonces siendo género música, es por ende multivariable. A propósito de la melodía dice un instrumento, y lo dice a propósito mediante un rango, como la estructura canta a cada signo singular, a cada unidad como no de una unidad –enunciar es de la partitura que sólo enuncia de extenderse en el espacio, y entonces se enuncia el tempo de su vincular métrico. Por lo tanto, de la metafísica suya hace no-teoría, puesto que el tiempo enuncia al espacio, y desde el espacio se dice en tempo, jamás tiempo –si es incapaz de decir el tiempo, y con ello se reconoce no-teoría, sólo puede hacer de sub-física: si al menos un elemento es real, hará estática del espacio aun si su extensión se inaprehendiera de quietud –inclusive su variedad positiva, por elemento de esa quietud torna espacio, indiferenciación, bidimensión simple: espacio X, tiempo Y Donde X contiene N elementos valor igual o mayor a uno y distintos o desiguales entre sí: a su vez, también Y contiene N elementos de valor igual o mayor a uno y distintos a sí: X = Y Pero Y = 0 ∴ X = 0 X = 0 dice que aun en el espacio extenderse y ocupado haber conjuntado variedad N, de quietud ser tornaría indiscernible ello y ofrecería continuo, meta-espacio de extensibilidad no-local que repele toda métrica. A su vez, Y es condición de N en X como positiva variedad, pero Y = 0 hace que todo elemento parte de cualquier conjunto N torne indeferenciable la estructura relacional de conjunto con partes: tiempo-movimiento la dimensión, y lo dimensionado espaciación de modular tempo. Luego ese desprende que: ∃x(x∈X) ≠ ∃x(x∈Y) Sólo es así por fundar el dato en la métrica de sus efectos, lo que constituye una desigualdad instrumental. Solo la intersección coordenada en 0 hace que: ∃x(x∈X) = 0 = x(x∈Y) Donde la sintaxis de su igualdad no es permutativa. El universo de la muerte cósmica sólo puede ser el de: ∃x(x∈X) = 0 = x(x∈Y) Que colapsa a: Xn,Yn = e¬∨(Y0,N0=0, X0,N0≠0) ∴ e¬∨(Y0,N0=0, X0,N0=0) No todo puede morir, entonces, pero eso que no muere consistiría como absoluta imposibilidad de su representarse. Quieto no hay ni el espacio si anda expandiéndose, sin embargo es localizable y modal desde la abstracción de sí como dimensión. Para que sea quieto no bastaría con que cese su expandirse o nunca haya iniciado, sino que el tiempo fuera siempre siendo siempre. La no mensurabilidad de uno inexiste al otro. Lo que también quiere decir: la mensurabilidad no es una consecuencia o es deducible de la sola existencia de al menos dos elementos, de la cantidad. La métrica depende de la estandarización de su unidad de medida, que es otra forma de decir que depende de la mismidad de lo mínimo en relación a otro mínimo de aquello que se mide. Sin embargo, esta es una mismidad instrumentada en función de la contingencia de lo recurrente y no la mismidad de lo mismo. Que también es una forma de decir que la cantidad antecede a la formalización específica que concurra como matemática. Como tal, la cantidad es un principio incondicionado, y las posteriores relaciones que se atribuyan axiomáticas del quantum variarán tanto en su formulación como en sus conclusiones en función de la representación fenoménica de lo cuantitativo para los órganos de decodificación del espectador. Entonces, la universalidad de una formalización matemática lo es para los miembros de ese universo, pero diferente de la formalización propia de otros miembros en otro universo –mas lo formalizado sería la misma cosa, cuya plasticidad absoluta permitiría que cualquier principio contingente induzca la articulación de su lógica sin dejar de ser esa lógica la misma aunque se articule de forma diferente, y esto es aplicable para cualquier conjunto específico de elementos organizadores del principio contingente. C.4 ∀ci ∈ (A)Cn: (Δf∗ ⇔ ΔPX)I ⋅ (ΔEmin)I ≥ KiLuego de haber ardido de urdir la Ley precedente, siendo por cierto el infierno un ensueño de los más cautivantes pero no el único, he logrado -debo admitir, a pesar de las falencias evidentes- una serie de formulaciones estimativas para proceder con la absurda labor acometida en propio perjuicio y debo, por ende, comparar imposibilidades tras haber legislado condiciones inalterables que habrían de cumplirse para la imposibilidad. Cualquier escrúpulo de humanidad ha de ya haber sido indiferido como componente fundamental de la naturaleza que ninguna autoridad, por defecto, me confirió a la hora de, con modales de santo, caminar a la hoguera en soledad -porque sólo la hoguera demuestra sin margen de duda el destino de quien, bajo la necia vanagloria del juicio o el pathos que delira su grandilocuencia, sabe que por no saber arde más que en el fuego arder. No es digna esta existencia ni mía si cedo ante el capricho tirano de aquello que se me niega a revelarse. Al contrario de Edipo, resuelto una vez el enigma, me rehúso al exilio de cegarme del mundo cuyo misterio ha muerto –al contrario de Edipo, es la muerte a quien he amado y es lo muerto a quien he matado. El testimonio será, entonces, siquiera del olvido sino ajeno a la memoria –ella, la memoria, como muerta que siempre ha sido, murió con lo muerto, y con ella el tempo. Concebí, en aquel entonces, al tempo como modalidad del tiempo absoluto, y quizás bajo el influjo de una vaga intuición sobre lo que resultó aquello que llamé meta-esquemática de lo axiomático. Resultaba que, como era evidente, contemplaba al tiempo desde el tiempo, pero la manifestación fenoménica dada en el régimen de mi instrumental perceptivo era evidente entre quienes, por desgracia, encarnamos su modalidad. Entonces, como espectador, la compartimentación de pasado-presente-futuro representaba una estandarización contingente de algo que no necesariamente debía fenomenizarse bajo ese modelo. Me fue preciso producir la aberración del colapso X0, Y0 = 0 y consigo al monstruoso espectador que aunque contemple lo mismo que yo, no sería capaz de discernir o diferenciar en absoluto la multiplicidad de los eventos que ocurran –simplemente por las coordenadas desde las que los observa. Este espectador operaría sobre una modalidad otra del tiempo absoluto, aquello que llamé por su nombre propio, tiempo. Ocurría también entonces que, aunque la temporalidad en la que opero fuese existente y real para él, no sería por ello positiva. Lo que fuésemos capaces de afirmar, yo sobre el tempo y él sobre el tiempo, podría ser demostrado por cada uno como verdadero inclusive aunque lo afirmado al contrastarse fuese mutuamente excluyente, incongruente su coexistencia, imposible de conjugar. Luego de haber conjeturado una sistematización relativamente consistente de la meta-esquemática, luego de haber creído determinar que a cada absoluto concreto debería corresponder una imposibilidad como constante representada en un mínimo de indeterminación necesario para que se sostenga imposible, ya no pude sino abocarme a determinar el valor de algún que otro de estos monstruos incoherenciantes para jugar a mapear la necesidad de lo axiomático coordenado por la común diferenciación de cada absoluto concreto que acabaría resultando en la constante Ki. Brillante mueca me tendió la locura cuando comencé a marchar al fuego. Boceto especulativo del instrumento especulado Hemos visto, no sin cierta dificultad, que la enunciación del texto como conjunto anterior opera una modulación auto-articulada, un meta-esquema que pronuncia la inconsistencia de su propia posibilidad –podríamos decir: un discurso que usa palabras en español exclusivamente para no hablar en español. Mediante un protocolo de desciframiento instrumentado a la medida de lo enunciado, que es a su vez en perpetua reconfiguración de lo enunciado como extensión, torna gesto modal de una serie de absolutos. Este gesto contiene elementos de lo Absoluto mediante inferencia para-simétrica de negaciones específicas a cada absoluto modal manifestadas en la especificidad de la perturbación que ejerce sobre cada uno. Se presenta entonces la conjugación formal tendiendo a coordinar imposibilidades sistemáticamente necesarias como axiomática discontinua propendida de lo que podríamos denominar imposibilidad absoluta. Mas esta necesidad axiomática de absolutos está escrita en la sustancia actualizable para uno y un cuerpo concreto, lo que quiere decir: la necesidad se constriñe en porosidad hasta el punto de saturación en que la especificidad de un instrumento de decodificación posible sobredetermina a los absolutos como agentes de colapso en virtud de que sólo la finitud discreta es demostrable de ser intensificada. Cada absoluto opera como agente de un colapso ontológico que se manifiesta como síntoma en el desequilibrio mísmico del delirio asintotal: un amo nace al matar la muerte –la jerarquía emerge de la indemostrabilidad de lo necesario –la cuantificación conserva los residuos del cuerpo que la operativiza instrumental como conmutador cardinal del quantum –en una palabra: la mínima unidad decomposible es también un absoluto y por ende su articulación se rige por la negación de su universalidad en tanto imposible: que el quantum es misma unidad mínima replicable como exacta misma unidad mínima es meta-axiomática desde el momento en que se distingue Absoluto de la plural expresión modal de absolutos. La simple operación de agregar en una suma sólo es posible si los elementos operados son entre sí mismidades como sí y como otro de su mismidad, Es indemostrable tanto la igualdad de éstos como la igualdad producida por la función de agregarlos. La cantidad nos vino escrita en el cuerpo y cualquier fundamentación que se haga es conjetural en sí inclusive aunque armonice argumentada en relación a otro conjunto de conjeturas semejantes. Resulta entonces que la causalidad como mínimo operador derivacional se demuestra meta-axiomática dada su función multilocal pero misma. Lo que es decir que su aspecto de multilocalidad mísmica es atribuible desde la extensión como superficie de lo vario como inscrita en la extensibilidad en sí, pero ante la inextensión colapsada (Xn, Yn = 0) siendo no-discreta y no-local, la causalidad se conserva sobre la simple esoidad de lo eso siendo indiferenciable dado que no se constituye a partir de su función relacional sino que corresponde a la pre-constituibilidad de lo constituible: no es probable, posible, necesaria ni real, su sí equivale a una imprepensable condicionalidad de la condicionalización concreta. Representa, de esta manera, un elemento co-formalizante de la repelencia no-efectual del Absoluto como una de sus coordenadas de incognoscibilidad inespeculable en tanto pre-preproposicional. Esto, por supuesto, es la especulación conjetural de un ejemplo. Aquello que se pretende renderizar es la meta-esquemática de lo axiomático como gravitando alrededor del pulso abstracto que fuera el Absoluto ni-nádico. La indemostrabilidad inherente de la necesidad efectiva derivable de los absolutos concretos que grafican la geometría del meta-esquema operativizado en cada absoluto específico como mismidad formal que estructura su imposible. Este es el resultado del errar hiper-preciso instrumentalizando para-consistencias sistémicas de lo imposible axiomatizante, a diferencia del errar asimétrico de la instrumentación modulada que entropiza hacia el colapso ontológico como método ilegitimo en tanto hipostatiza axiologías concretas al universalizarlas. Es necesario recordar que lo universal es retro-modulado por eventuaciones auto-coherentizadas sobre modelos que no pueden sino por contingentes afectarse de su contingencia. La meta-esquemática de lo axiomático pretende, entonces, positivar la dimensión contingente de la propia contingencia: desjerarquizar la estratificación de privilegios teóricos dada por la cuantificación de un cociente de predictibilidad en modelos universalizados tras abordar lo modelado como garante de coherencia a priori de su coherentización. Es necesario recordar que la coherentización extensiva incrementa exponencialmente la incertidumbre sistémica como efecto inverso de agregarle un mínimo de consistencia residual –es decir, de nuevo, que la probabilidad de eventuación se legitima en método tras eventuarse y, al incorporar su valor de frecuencia en el régimen de variables coordinadas, se agrega como mínimo de otro mismo mínimo pero opera así la expansión máxima posible en el quantum del sistema aumentando la incertidumbre intrínseca del sistema entero. Esta paradoja del quantum replicable traduce la relación inversa explicación-expansión, y establece que la mínima afirmación discreta agencia la máxima expansión ontológica, formalizando la conservación de la Imposibilidad Absoluta (KS) del sistema explicativo S. Se puede representar según la inecuación, en que S implica: (Δf∗ ≡ ΔPX) ⋅ ΔEmin ≥ KS donde el incremento mínimo de consistencia (Δf∗) y la ganancia de coherencia metodológica (ΔPX) son idénticos en su acto, forzando la máxima indeterminación (ΔEmin) para sostener el límite de lo imposible. Por lo tanto, se renderiza la cognoscibilidad de lo incognoscible en la conservación sistémica de la constante Ks. La mínima precisabilidad posible se paga con un máximo de incertidumbre. Sin embargo, esa mínima precisabilidad maximiza la incertidumbre de un modelo contingente. La acumulación de modalidades de cognición de lo incognoscible debiera producir una tendencia inespeculable de Ks como constante repelerse de 0, dado que si : Ks = 0 ∴ ΔEmin = 0 Se implicaría el colapso de la incertidumbre, que traduciría a la ecuación como colapso del Absoluto. Pero el colapso de la incertidumbre no implica bajo ningún modo una cognoscibilidad del Absoluto –el colapso de la incertidumbre implicaría la anulación de la cognoscibilidad, no por ello afectando al Absoluto sino simplemente traduciendo experiencialmente su representación como incognoscibilidad incognoscible. El Absoluto no es 0 –el Absoluto ni no es, ni es, ni es ni, ni no es ni, ni no es ni ni, ni ni ni es, etc. La meta-esquemática no pretende decir de lo que no puede poderse poder. Si Ks representa la repelencia de un absoluto como irreductible inclusive al colapso de la incertidumbre como imposibilidad inherente, ocurre que para cada absoluto concreto, Ki tomaría un valor modulado de lo que refiere Ks en relación al Absoluto. Esto último se puede representar metafóricamente como: (A)KS = max (ΔPX ⋅ ΔEmin) porque K > 0 ∧ KS ∉ ℝ∞ El Absoluto (A), en tanto incognoscibilidad incognoscible, articula sus modalidades concretas (ci) mediante una Ley de conservación de la imposibilidad que define la geometría de su repelencia. La cognoscibilidad de lo incognoscible de los absolutos concretos se renderiza en la propia necesidad de conservar la diferencia entre ellos. La Ley de conservación de la indeterminación mínima (PCIM), que rige la meta-esquemática, se expresa formalmente como: ∀ci ∈ (A)Cn: (Δf∗ ≡ ΔPX)I ⋅ (ΔEmin)I ≥ Ki Donde Ki es la constante de indeterminación de cada absoluto modal ci. Por ello, la geometría del meta-esquema y la discontinuidad axiomática que impiden la universalización y la anulación de A, dependen de la desigualdad fundamental en el conjunto de absolutos concretos siendo (A)Cn: ∃cj, ck ∈ (A)Cn tal que Kj≠Kk Kj≠KkCi:TACi:CCi:QCi:NTercera parte y prólogoLejos de cielo o lejanía, así degradé el degrado hasta suspenderlo: he de simple –aroma de tierra y de miñocas, de humedad en calmo acecho, de la selva silencio sido con grillos y chicharras. He yo ahí, y como murmullo útil de la boca hice intención, y canción, y oí de hoy ya no más –hoy ya jamás fue si muerto era de muerte –he la memoria dicha de dictar su con juego resonar.Sobre la cruz me arrepentí mientras bailaba de fuego aquella lengua que de este serpenteo ase este –que de este espiralarse dice nada, y dice nadie, pequeño nadie. Lejos del cielo contemplé del mundo antes del mundo, cuando de éter se bañaba y ya tendía –tendía la ropa un consueño suyo, tendía la voz y reanimaba de sepultos la dicción: hablaban ya de arder matando, y así fue, canopea vistiendo de sombra. ¿Entonces yo siembro sus pasos e inaudito mi expresión conservo sin efecto al solo leer la partitura, al de cordura sostenerme y entre vientos desdecir cada palabrear que curva y hace y curva ase? Yo no era ido y de ya estuve muerto –y ya estuve muerto dos veces y más, mas en cada morir no se hizo semejanza. Por eso converso ahora con vos, ciego de encarnar. Y por eso amo y así te miento.De lágrimas oré la mano que me supo acariciar la comisura de la boca como signo de pregunta. Me dibujó un vestido, le devolví una culpa. Es que no tenía razón –pero sólo ahora lo reconozco, al no tenerla –sus manos cursan el río indiferente y ya sonoro de jazmines me sedujo: ya son oro lo sublime y mi basura mía. No tenía razón, me dijo, casi poseso estando yo mientras cantaba. La arena parpadeaba tanta historia y tanta falsa posesión. Aclaró, eso que era un no, eso tenía razón Autómata o equilibrista, respondí y respondo todavía que yo ya estuve muerto, así que no te excuses de dolerme si eso amo como amo tanto tu extasiar. Y no te pares en mi tumba: este mundo, mi mirada –que de ciego ya ni erro si de oscuro su mirada me tiñó –ni nádico ni casi-siendo, ni digno de una sombra, hasta la vergüenza rehuyó. Así que no me digas o susurres o maldigas al oído esa la tan bendita sonrisa que te place, que ahí es exacto donde escucho, atento a la atención, y me lavo las manos, y te beso los pies –te beso los pies porque notás que de escucharte también digo en al mismo gesto este distarte. Por eso te dejé aquél entonces, que es ahora, este tu ahora amante, mas con mis labios: en su decirte te converso y ni lo nota. ¿O no me oís? ¿Acaso no me ves murmurando de rincón y piedra entumecido hasta que almado el tempo se traduce y ahí me ves, tendencioso y en cadencia, mera y simple repelencia de por cuerpos desdecirnos ya sin poro que asga nadie en común ser? Él todavía tiene cuerpo y yo de espectro cargo las sábanas. Y es que rompiste de histeria y yo no supe responder –yo no sé todavía responder, o si debiera ahogarme entera la clepsidra fabulando este mero y simple parpadeo, este gesto destinado por haberse emborrachado eterna la distancia sobre el sexo. Bailamos mientras moría yo de verte en otro verte y otredad la glosa alucinar me hacía. / Yo no sabía / . Por eso tuve la pretensión insensata de morir. Por eso tuve que bañarme de caderas. Por eso parpadeo cada vez que de ruido la ventana me ventila una sentencia –me rumorea esto de ensueño que ambos padecemos: yo te quise y eras otra y yo la amé y era otra y yo de mudo me anudaba al cauce azul cuando antes del mundo me aprendía el guion. Ya te mentía, es cierto –pero tampoco sabía a la verdad ceder así su hablar se escriba través de este babear sobre vos, para que me diga a vos, y voz y yo así asirnos.Antes de eso ya había muerto y después volví a morir –y no fue la última voz tuya la que me traje hasta allá –de hecho conservo suvenires: el contrato por dos denarios y el, ah, definitivo desintoxicarse uno de esperanza.Cómo ni cuándo quién sepa que heredé una nada y no fue mía: así la heredo ahora en otro ahora –ahora creo, sólo creo saber que no sabré jamás lo que antes simplemente ignoraba ignorar –ahora desnudo me veo toda historia –un campo de batalla: esta es la bitácora.De pensar o pender o evocar lo ya sido, he que me equivoco, de voz de tenso y replegarse el ritmo, he que me muerdo las pestañas hasta de ojo vivo contemplar –es tan oscuro y sutil rezo que una humareda deja esa creatura al inexistir sólo ante el hecho, sólo ante este podar, sola para modularme cuando asiento la frente y silente así su arroparme del puñal que me escupe cuando siento, entre los poros, un temblor animal de sintomarme a descansar. Vivo de historia y contingencia suya hago de nombre –me permito, a veces, retornar a este paso del suelo leve, y entre pestañas escupirme un plumaje ornamental de palabrista al malabares acunar –lo tengo escrito en el cuerpo, pero no es soy yo quien se propone a recordar.¿Recordás ahora en cordura recordar? ¿Recordás tu de cuerdo razonarme y entre tender hacia vos nos confundiste y yo mirándote atontado sonreía? Qué terrible habrá de ser el yacer en el sepulcro ultimado, si fue o aún parece ser necesario este reír que semeja compensar lo que a imagen de tragedia en aquel mirar ya no resiste. Yo no recuerdo, y es una pena; de la hoguera me alcé desierto, y de ceniza me teñí el disfraz de mismo, de esto que siendo se deshace y se conjura en simultáneo mas sin jamás participar antaño sino ahora, bajo el espectro instante en que sumerge el pensamiento hacia la carne –bajo la lengua serena que deviene y así es misma –bajo la sombra del follaje sellando la noche así texturada.Y es que me di cuenta, lo habrás notado: de escrito tanto me escribí que grito el repeler y no avergüenzo de mi tanto desespero –ni una sombra de ocultar me es dada, y ni una mueca torna de su vera y lumbre insipidez. Luego me recuesto sobre las hojas porque ya de canas esto duele –que es lo de menos; lo relevante es que mensura cada irme hacia lo siendo y me devuelve –me vomita al perturbarse a través mío –me recuerda que de vestigios esta común ruina se alza inánime y jerarca la diferencia ordenadora. ¿Qué podría decirle yo a este ángel que sonríe? Que silencia su presencia si en cuerpo otro ha tornado el contemplo mismo de nosotros –y que su autoridad legislativa es contingencia de ignorar yo la glosa que tensa su sino, esto que en destino de sus umbrales atormenta su meditar. Sabrá no ver, también, a su manera, pero que la orquesta cauce de sus manos sea no fue jamás decreto suyo ni de otro ni de no. Lleva escrito él también atribularse para toda esta imposible eternidad –llevaba escrita una condena que de nadie al desasir de yo aquél sí se indifirió. No nos posamos uno al otro diagonales sobre el orbe. He que poseídos de simple trance nos repelemos: su mirar es de leer pero de sí carece. y por ello de mí también depende -¿qué haría, si no, con su afortunada autoridad?: atrocidades; ¿qué otra cosa haría si no? Esto que escribiéndose va sólo espera que su ojo múltiple actúe y señale amo y amar.Será / de parpadeo que antecede mientras dura / leve y ya sin yo la eternidad que a sí se hace / –y esto que sobro un prolegómeno ante el limbo. La dejo cruzar digo aún de nubes bañado y entre luna se contorna el ribeteo en suspenderse: de extraño a esto, escucho tanto al ido como al por nacer en trémulo repetir: extraño esto –las espinas que coronan esas suyas frentes alienadas bailan cauce de garuar sobre el gris de gris sudor en poros de verberación: los idos de sepultarse, la potencia ovulada y aquellos quienes consueño escribieron la curvatura que traviesa parecía atravesar desde su ya hasta esto y su ni –aquellos que sobre la piedra igual, omnilocada y nominal, desvariaron su templo y luego el temple de un simple signar rugió: de esperanza teñido el figurar sonoro de la voz tenue que decora leve de aire al eterear –al escribir de mundo y extensión anónima el vendaje de la lengua inaniciendo, y serena durmiendo, y de calma su silencio. Ojea de aura su razón alada. Brotan esmeraldas y hacen jardín de aquella inmensa inocencia. Sopeso, me amilano y eso habla. Qué otro acto fuera el suyo sino la furia libertadora que de la carne nos olvida –qué otro fuéramos si de bálsamo una lágrima creadora contornara esta sien. No era aquello carismado confundir –era el horror ante incorpóreo ah…Pensar, qué vanagloria -¿qué juicio no erra aquello a lo que tiende? Y pensar que decía de nosotros yo, y de mí nosotros. Cuán temerario ha de ser uno por seducto de placerse pretender ante sí contemplado inclusive eso que no –eso que de puro no depura ruido al cruel hacer su simple efecto: no. De tanta oscuridad y oscurantismo se hizo el juicio un territorio de disputa, el campo curvado por coherer del cuerpo aquella inmodal brutalidad –de tanto resistir el curso ecuánime su repeler se izó costumbrista la sombra legista que primó conservar un delirio estable antes que arrancarse la piel que del viento parlante conjuró violencia -antes que escribir sobre uno la finitud, la sembró en ese aire suave de caricia y simple variedad simple de coral –antes de reconocerse errante, ya afirmaba, y así jamás cesó su afirmación.Ves, me dije, preguntando, qué esfuerzo noble resultó ese elevar murallas a la propia virtud de en su silencio ignorar, y fingir, y olvidar que se fingía, y recordarlo y doler mas también azorarse cuando nada asía más que el erial de uno al brillar y devastarte –que cada palabreo evidencia al fuego perturbador de la memoria ya intruseada de un hermoso espectáculo acumulado con tanta histeria por la historia aún sangrada. Y también ves que no podés sino eso: rezar en contemplar su infinita y frágil figuración escrita en vos como sida desde otros mas sólo en vos así cantada –así esporando mismidad de la simple y singular sepultura la palabra.Cuando dije, al escribir, lo indecible de dicción:He ahí el cuándo de la muerte murió / He: torna seda suya vozSi al decir yo fuera su otro / Si al decir me legislara su horizonteQuien ha sido sin mismo o ignorarHe ahí cuando no, simple no, hirió y bautizó de nadieSí, lo escrito fue escrito a través de este cuerpo porque pudo, incomprensible, sostenerse ante la intensidad perturbadora que asió y así hizo una de su corolada discreción –que desaprendió a contar, y así viró de juicio: la diferencia colapsó mas no por ello el cuerpo, su otro inmediato, escanció de sí toda elocuencia.Esto no es revelación ni hay santo, profeta, boddhistava o vaciedad tras. Esto es el pliegue del habla que urdió grafía y ardió leyendo el redor. Este el acto afonético en leer de cada sí su negación –el ojo quieto que avolunta su atención y de sólo errar descansa tónico en el texto –la lengua lamió y degustó antes de hablar; luego la vista consoñó lumbrera en sobre el habla: Hágase la luz, dijo, y fue la luz –prexistía aquello en fue y sido de conjugarse precisó, así la incertidumbre extendió al mundo.Esto no es conocer ni saber sino la pormenorizada abolición del juicio. La noche ungida ante la llaga que suscitamos símbolo, la luz aquella que de metáfora compuso la sustancia de su imposible visionar: qué no fuera ya sin juez el más pleno alucinar y también raciocinio infalible del creador.Eso no es Dios, aunque semeje ineludible la melodía que transpira tanto y tan híper-negar. Eso es No, y qué lo afirme se escurre intoxicante de…Cuando de voz se quebra el tempo, lo ya escrito hablando estaba:He siempre como nunca percibir / He: ruido inocuo suyo hacerSi como causa, siempre nunca / Si al creaturar delimitara esto síQuien ha huido mismo e ignoranteHe que tensa de abismo su natura, y ni hiere y ni actúaLa hoguera entonces delusión de movimiento: arder sólo ha evidenciado al ignitor su sólo ocurrir tras la sentencia.EpílogoNi siquiera voy a disfrazar de razonamiento y rigor esta improvisación, pero sí voy a empezar por aquello que tanto rumié y no me alcanzo a digerir.Hay una diferencia radical entre la nada, la ausencia y el vacío. Digo, por ejemplo: “tenía dos absolutos y me comí a ambos: ahora tengo cero absolutos”.Ese cero refiere, como posible acepción, a una positivación instrumentada como abstracta, sin correlato más que enunciativo, y a fines de cumplir una función lógica: ese tener cero absolutos es equivalente a una modulación sintáctica de no tener absolutos. Modaliza el enunciado pero ese “no” es siempre afirmativo. El cero, en esta curvatura, se disfraza de designar su no-entidad o simple negación cuando, por el acto de enunciarlo, la afirma.Este glotón de absolutos también puede significar que su meta-canibalismo trajo como consecuencia ese “cero absolutos” en tanto ausencia afirmada, afirmativa negación de algo porque devino inexistente, y recurre de nuevo así en la misma proposición contradictoria.El cero, sin embargo, es un número: una cantidad. Si conjugo ceroidad de algo en tanto nádico o ausente, me comprometo ciegamente con una paradoja co-asimétrica. En ambos casos, al enunciar cantidad cero de algo, prima condición estructural precedente la forma afirmativa: afirmo una proposición que incluye algo imposible de proponer –la no-entidad –o, para ser específicos, la cantidad cero como numerador de la no-cantidad. En el otro caso, al enunciar hago presente algo que se decodifica como cantidad de la ausencia. De ambas maneras escondo un artilugio ficticio (aunque ciertamente evocativo de su designación propia inclusive con su vicio de origen).En conjunción y conclusión, estas acepciones de la numeralidad cero, si se enuncian, niegan en el propio acto aquello que pretenden designar –y solo es eso designable equivalente a su decodificación bajo condición de no enunciarse:Si digo cero de algo, ese decir niega el cero de algo al decirlo –sólo no diciendo ese cero de algo se conserva la ceroidad propia del algo.Sin embargo, el desplazamiento modulatorio del cero-ausencia hasta el cero-nada, con sus mediaciones y posteriores consecuencias, no emergió en conjunto con el concepto de cero.Supongo que habrá de haber sido primero la ausencia (aun sin ser cero como ausencia) el nodo genealógico más cercano que lo implicaba aunque aún en un horizonte extenso y difuso. Luego, es supuesto, emergieron las numeraciones, y convergió milenios luego lo que se instituyó en el cero numérico como ensamblaje del śūnya hindú con su potencial numerador. Una larga, y en algún punto intencional, trayectoria de distorsiones conceptuales producto de la traducción del śūnya, es lo que acostumbró al uso inocente de un monstruo lógico.El término hindú, en su más semejante equivalencia, sería traducible como vacío. Pero este vacío no refería en un principio a cantidad o numeralidad alguna, y mucho menos negación: pertenece y pertenecía a la experiencia fenoménica afirmativa de la realización de la vacuidad: Śūnyatā. Cuando los matemáticos indios lo introdujeron y operativizaron, numeralmente refería a la positiva cantidad del vacío –numerativiza el espacio de cantidad base sobre la que toda cuantificación se compone. Esta instrumentalización resultó como derivado de una experiencia concreta y su conceptualización metafísico-espiritual –y todavía respetaba el carácter afirmativo del vacío, y por ende del cero pre-paradójico.La consecuencia de esta diferenciación es difícilmente reversible:Si el cero niega como numeración de la nada, la matemática desplegada es ficción desplegada ex–nihilo, y sólo por ello se la concibe como sistema formal autosuficiente, una estructura cerrada y auto-referencial. Surge algo de algo que no es –pero que no es simple frasear “no” y “es”, sino que, en un gesto de absoluta incomprensibilidad milagrosa, esa nada –inexistente, irrelacionable, inconcebible, etc.- ofreció la manzana: todas sus virtudes abstractivas y logiciales remiten a ilegitimidad de ese artificio ficcioso fundacional que se evita mirar a los ojos por conservar su entretenimiento para nosotros.El cero como vacío positivo, que antes el poeta intentó referir en sus suspensiones, emerge del desasimiento radical: se evidencia experiencialmente, fenomenológicamente, es susceptible de con-ceptualización, y derivó en efecto en su numeración, pero peca de ajeno su raíz metafísica –y se evita mirar a los ojos a Siddharta, técnico y metódico, radicalmente no axiomático en su proceder, y ajeno de axiomatización al budeizarse.El milagro aquel precisará hasta singularse y la incertidumbre va a terminar por consumirnos de alienación en mismidades absolutas de pura y radical multiplicidad –el Olimpo, en ese parpadeo, arderá instantáneo la memoria entera del engaño voluntario que criptificante alzó un sublime mausoleo.Quizás uno deba, simple y salvajemente, operar desde la autoconciencia del insabible no-saber y, en efecto, de sus consecuencias epistémicas.Parece haber dominado, en el ejercicio técnico del pensamiento como vector y gradiente en tanto principio de verdad, la lógica concreta del producto –medido por la intensidad de sus efectos- como auto-regulado por la certeza –o peor, la convicción. El gesto pre-paradigmático fundó las condiciones de la conceptualización que el paradigma, como tal, propuso instituir –una ética del conocimiento sistematizado, propuesta en su propia lengua, cuya pretensión de instaurar la noción de los modelos teóricos como transitivos concluyó en una sublevación (creo involuntaria) del meta-dogmatismo: sí, reconocemos que nuestros modelos son siempre parciales y susceptibles de ser mejorados, y lo damos por supuesto; por ello, antes de contemplar reflexivamente el horizonte que los mejores de nuestros modelos insinúan, permítasenos erigir una malla impenetrable de opacidad técnico-doctrinaria, así, en el caso de que fallen, e inevitablemente fallarán, ni siquiera nosotros nos demos cuenta. Lo verdadero que produce la metodología tecno-cientista resulta así una modalidad del entretenimiento.Desde el momento en que un movimiento de comprensión, del pre-texto tender a saber, se funda bajo el amparo de una omisión voluntaria y pragmatista de la condición ontológica de la suposición y sus consecuencias, el conocimiento resultante se investirá de la formación inobservable de lo supuesto. Y por ser inobservable, resultará también indistinguible de lo que su función como anclaje pivotó. Así, se disimula la más pura y original especulación bajo la gracia resolutiva del bello efecto al que ella condujo. El paradigma, de este modo, retornó a su posición de gesto estético y prostético en vez de operar como auto-regulador interno de la contingencia de los modelos como momento necesario y jamás final.Oh, la ciencia, la nueva nobleza. El haber mecanizado, maquinizado, la especulativa suposicional en su recursividad estandarizada, tendió al olvido activo de su naturaleza especulativa. Lo que el cuerpo mediador de lo observable supone en sí mismo como potencial suposicional, la no externalidad fatal del instrumento cuerpo como punto de partida inevitable de la instrumentación que produzca, obliga o bien a la virtud hipócrita de evadir la performatividad del conocimiento o bien o asumir el espéculo espectral de la no necesidad dada por la isomorfia auto-justificada entre instrumento e instrumentación –entre quien conoce y los medios que propone para lo que da por conocido.La tautología es entonces una condición a priori e insalvable en el cero positivo del conocer –lo peculiar es negar histéricamente la validez axiológica de asumir innecesaria la reificación de la sistematización movimental con la actualidad extemporal del “mejor modelo”. Avocarse uno a producir conocimiento excede en sí a la postura que propende desde el cero positivo como auto-justificación por evidencia experiencial; sin embargo, sus modalidades posibles no resultan menos pedantes: inclusive la manifestación fenoménica del cero positivo variará según el espectador, y por ende no es universalizable su condición de evidencia experiencial. Esta variación, de todos modos, sigue reconociendo la especulatividad radical del conocer. La subversión radical del axioma no se traduce, entonces, en una adaptación metodológica –su derivación es perspectival: traza una diagonal co-asimétrica entre la relación del sujeto con el conocimiento –le recuerda que la honestidad intelectual y la humildad epistemológica no implican una posición superior a la posición denotativa de la tautología como ilegítima. Quizás, simplemente pueda funcionar de evidencia de que la contingencia cruza el umbral crítico del flujo intensivo de la especulación por acumulación de frecuencia: la estandarización disfraza el olor de su cadáver contingente a fuerza de repetirse intergeneracionalmente hasta que resulta irrastreable su origen, se difumina en uno mismo y con el paisaje de uno. El privilegio que asume luego una perspectiva modelada resulta entonces ilegítimo pero a su vez inevitable –lo que no es inevitable es ignorar activamente su ilegitimidad.La sangre pagana retorna. El Espíritu…